Como tantas veces, empiezo a escribir sin rumbo fijo. A ver qué viento me sopla.

Desde hace unos días le doy vueltas a lo mismo una y otra vez. Se trata de la eterna discusión sobre la diferencia entre capacidad y potencia, que ya hace más de veinte años sosteníamos un amigo y yo en largas noches de paseos por la playa, de esos que uno da mientras atura al perro y le da picadero. ¿Quien tiene la capacidad tiene la potencia, o viceversa? ¿Qué distingue la potencia de la esencia? Demócrito se asombraría de ver a dos mozuelos dándole vueltas a la misma noria dos mil años más tarde, pero esta vez por sola diversión.
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Mayo 7, 2008
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Cuando mi abuela cumplió noventa años alardeaba de poder leer o enhebrar agujas sin necesidad de gafas. Se lo decía a todo el que se le cruzaba en el camino, con su hablar argentino algo cascado y sus ojos azules que las leyes de Mendel no me quisieron entregar en herencia y que protegía del sol de la primavera tras unas gafas ahumadas algo trasnochadas. Tanta lozanía no le libró de empezar a usar bastón hacia el final de su vida, por mor de una ciática muy graciosa que ella aliviaba con bolsas de agua caliente durante la siesta, sin mucho éxito, sobre todo en invierno. Paseaba conmigo por el Parrote, una mano en mi brazo derecho y la otra en el puño del bastón, mirando las bandadas de estorninos dibujar nubes en la altura.
- Desde que uso bastón sólo veo cojos.
- Creo que ya estaban ahí antes, abuela.

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Mayo 2, 2008
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Un año es mucho tiempo. De noche las canas que siempre me acompañan hacen chanchadas y procrean nuevas canas que fundan colonias en lugares imprevisibles. Un año es mucho tiempo, pero no demasiado. Cuando me afeito me miro al espejo y veo arrugas que se despiden, ojeras que se borran, y cada vez tengo más cara de niño, más luz en los ojos, menos barba, que nunca fue tupida.

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Abril 30, 2008
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El clima castellano me sienta regular. Las manos se me agrietan, los labios se me cuartean, la piel se me vuelve papel y el pelo esparto y me paso el día untándolos de pócimas que los devuelvan a su estado natural. El aire seco no me deja respirar bien, todo en mí dice mar, mar, mar y hasta que vuelvo a mi tierra no me encuentro a gusto. En general, no me gustan los castellanos ni su modo de hablar, no me gustan los nombres de los lugares, no me gustan esos campos de tierra, sólo me gusta su pan gramado y su paisaje iluminado por su gran luna llena, que es más grande que la de ningún otro lugar del mundo.

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Abril 22, 2008
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