Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[371] Respuesta.

Hace pocos días entregué en el Rexistro Xeral de la Xunta de Galicia una solicitud de adopción de un menor. La suerte está echada.

Ahora viene un largo proceso de examen, valoración de idoneidad, asignación y mil cosas más que, es de esperar, terminarán el día que un niño o niña entre de mi mano en la que ahora es mi casa y será la casa de los dos hasta que la muerte nos separe.

Entre otros mil papeles tuve que entregar un cuestionario en el que me preguntaban todo tipo de intimidades. La pregunta más difícil fue la siguiente: ¿Por qué quiere adoptar? La única respuesta que se me ocurrió fue ésta: Porque quiero tener hijos.

¿Había otra respuesta posible?

Luis Alberto Spinetta. Plegaria para un niño dormido.

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[357] Barniz.

Mi príncipe es como un albaricoque de piel dorada, suave y vellosa. Cuando lo encuentro tras días sin verlo, le agarro el cuello con los dientes y sorbo para sentir su jugo en la boca, porque es sabroso y dulce como el helado de limón. Mi infante tierno no es tesoro enterrado, sino más bien sagrario ostentoso y embelesador cuyo contenido, derramado convenientemente, es fuente de vida eterna.

barniz

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[320] Santi.

Esto lo soñé hoy:

Santi tenía catroce años, corta estatura, piel blanca, pelo negro alborotado y enormes ojos marrones. Su hermano, menos de diez. Ambos vestían uniforme de colegio de curas, sobrio y cruel, y lucían en su rostro la carencia de una sonrisa.

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[312] Sol.

– Anoche tuve un sueño.

– ¿Anoche mientras dormías?

– No. Anoche mientras esperaba.

– ¿Lo recuerdas? Puedes contármelo si quieres.

– Tengo que contártelo, porque es tu sueño.

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[306] Imagina.

Imagina algo lindo.

Imagina que, antes de que mi tren salga, me acerco a tí hasta tocar tu pecho con el mío. Imagina que paso mi mano por tu costado, la poso en tu espalda y te estrecho contra mí. Imagina que con la otra mano te acaricio la nuca y el remolino de tu coronilla. Imagina que te beso en la frente, que te beso en la mejilla y que te beso en los labios. Imagina que notas algo bajo mi ropa y que cada caricia de tu lengua acelera mi respiración. Imagina que poso mis manos sobre tus mejillas y que te digo con la mirada todo lo que no me atrevo. Imagina mis lágrimas. Imagina que me respondes todo lo que no te atreves.

Sería bien lindo.

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[289] Moisés.

Hoy voy a hablar en metáfora.

En esta oficina, cotolengo por mejor nombre, amén de vernos sepultados en mares de papeles que nos embotan las mentes y los ojos, Adelasuma y yo recibimos visitas indeseadas. Pasan por nuestro timbre el cartero, otro que acree y busca crobrar, alguno que embute los buzones de folletos de colorines y pocos más. Pero a nuestra puerta sólo llegan los que quieren vendernos algo: bolas de cristal, cántaros de mercurio, alas de mariposa, polvo de hadas o la salvación eterna, que al menos es gratis.

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[286] Ramas.

En una de aquellas desapariciones suyas que me dejaban desvencijado, Aleph me regaló dos tortugas, con su acuario y todo, para que paliaran mi soledad. Maldita la gracia que me hizo el regalo, lo que yo quería era que no se marchara él, pero eso era querer vaciar el mar con una concha de venera, como el angelillo de la visión de Agustín de Hipona. Las metí en su jaula de cristal, les daba de comer cuando me acordaba y las puse a tomar el sol. A pesar de todo crecieron hasta no caber en mi mano. Son los seres más tontos que he conocido, incapaces de seguir hasta la comida un camino que se aparte de la linea recta, aunque eso las lleve a caer en el agua y a volver a intentarlo una y otra vez. Digamos que consiguen comer por testarudas, no por listas. Taxi se entretiene intentando pescarlas, disuadido sólo por el agua que moja sus manos sonrosadas cada vez que les echa el guante, y por algún que otro chapuzón que hace de mi sala un pantano.

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[285] Plasma.

Como tantas veces, empiezo a escribir sin rumbo fijo. A ver qué viento me sopla.

Desde hace unos días le doy vueltas a lo mismo una y otra vez. Se trata de la eterna discusión sobre la diferencia entre capacidad y potencia, que ya hace más de veinte años sosteníamos un amigo y yo en largas noches de paseos por la playa, de esos que uno da mientras atura al perro y le da picadero. ¿Quien tiene la capacidad tiene la potencia, o viceversa? ¿Qué distingue la potencia de la esencia? Demócrito se asombraría de ver a dos mozuelos dándole vueltas a la misma noria dos mil años más tarde, pero esta vez por sola diversión.

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[284] Bastón.

Cuando mi abuela cumplió noventa años alardeaba de poder leer o enhebrar agujas sin necesidad de gafas. Se lo decía a todo el que se le cruzaba en el camino, con su hablar argentino algo cascado y sus ojos azules que las leyes de Mendel no me quisieron entregar en herencia y que protegía del sol de la primavera tras unas gafas ahumadas algo trasnochadas. Tanta lozanía no le libró de empezar a usar bastón hacia el final de su vida, por mor de una ciática muy graciosa que ella aliviaba con bolsas de agua caliente durante la siesta, sin mucho éxito, sobre todo en invierno. Paseaba conmigo por el Parrote, una mano en mi brazo derecho y la otra en el puño del bastón, mirando las bandadas de estorninos dibujar nubes en la altura.

– Desde que uso bastón sólo veo cojos.

– Creo que ya estaban ahí antes, abuela.

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[272] Acertijo.

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