Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[383] Anaqueles.


La casa de mis padres, aquella en la que me criaron, es una especie de acumuladero de trastos viejos. No sin esfuerzo, se logra mantener en ella un orden aparente a base de ocultar a la vista un desorden que sólo es reflejo de la tormenta espiritual de quien allí habita. A medida que los hijos íbamos desertando o exiliándonos, esa casa fue dejando de ser tan casa y convirtiéndose más en trastero cuyos principales moradores son ahora dos figuras de cartón piedra movidas por un mecanismo de cuerda, no por arterias latentes y cálidas.

Feral Percy

En cierto modo una casa como ésta fue el hábitat idóneo para un crío como yo, tan poco capaz de ligarme a mis iguales, tan necesitado de escapar, tan asustado. Siempre pude encontrar en esta casa millones de cosas que eran estímulo de la imaginación y de la curiosidad, sedimento de generaciones extinguidas que conservaban en sus poros la substancia de épocas siempre mejores que la presente, de personas siempre más valiosas que yo mismo, de un mundo más feliz, más luminoso: porcelanas desconchadas, relojes de bolsillo con las manecillas desprendidas, pitilleras, cámaras de fotos de varias generaciones, álbumes de sellos, un botiquín homeopático con tarritos de marfil, una balanza de boticario, un atlas en el que aún figuran territorios inexplorados, un busto de San Bruno, cerámicas de la edad de hierro, un almirez de mármol, el juego de tiralíneas de mi abuelo, varios relojes de pared, las gafas de muchos difuntos, un niño jesús castrado, un tapiz descolorido, una jofaina, un catalejo, un escritorio de marino y otras mil cosas estrafalarias que me sirvieron para construir un país de las maravillas en el que podía crecer hasta no caber en el cuarto o hacerme tan chiquito como para huir por el ojo de la cerradura.

Pero, sobre todo, mis escapadas se hacían a lomos de libros. La de mis padres era una casa hecha de libros y más libros, muchos libros, miles de libros. Libros provenientes de otras casas y de otras épocas, leídos por otros ojos y sobados por otras manos, pero también libros que venían a calmar nuestra voracidad lectora, que era heredada, o aprendida, o un poco de cada. No se trataba de aprender, ni siquiera de entretenerse, más bien en el fondo de todo estaba la necesidad de vivir en otro mundo menos agresivo, un mundo que podía ser como yo quisiera, más de un mundo, muchos mundos distintos, mundos luminosos, mundos verdeantes, mundos dorados, argentinos, ebúrneos, mundos crisoelefantinos.

Feral Percy

– Cada uno busca en su objeto de deseo cosas que le faltan o cosas que ve de sí mismo en él. Te ves reflejado en él tal y como hubieras querido ser de haber sido él.

– Por eso no quiero tios masculinos, quiero lo que  no tuve, una puta loca adolescente que le guste que se la metan. Pero lo que intenta decirte tu yo interior, o tu conciencia, o lo que coño sea, es que eso no te hara feliz.

– Buscamos un imposible: nada podrá salir bien así si lo que buscas es alguien que te quiera y que esté a tu lado.

– Lo que te priva de él es que tenga dieciocho años,  que no sepa nada de nada, la inocencia, la jodida juventud. No te mola él, te mola lo que él representa, la puta juventud perfecta del efebo.

Cuando empecé a abandonar ese estado de eterna pulsión que es la infancia para verme arrastrado hacia la violenta compulsión de la adolescencia empecé a abandonar los libros infantiles para explorar más sistemáticamente la biblioteca de mis padres. Descubrí en ella un desorden encantador pero que no dejaba de ser de nuevo el reflejo de la marejada interior de quien lo creó, demasiado violenta para que yo la pudiera soportar. Buscar un libro en ese agitado mar de libros era tarea de locos, hasta el punto de que a veces había que volver a comprar libros que no aparecían y que años más tarde encontraban a su hermano gemelo. Pronto adquirí la costumbre de buscar una cierta disposición lógica en esa biblioteca. En este trasiego de fajos de papel me llenaba las manos de polvo y la nariz de un picor insistente. Poco a poco fui consiguiendo completar colecciones, agrupar por temas, reunir obras del mismo autor o de la misma editorial, todo con un criterio bastante dudoso pero que era mejor que nada. Tardé en darme cuenta de que era una tarea imposible de completar. Las dimensiones de las estanterías, el tamaño de los libros, el poco espacio y mil condicionantes más hacían imposible lograr un trabajo perfecto. Mi intento por desterrar al caos quedó incompleto. Hoy, en mi casa, ésta en la que habito, los libros están ordenados según el color del lomo, buscando un efecto plástico llamativo pero poco práctico cuyos inconvenientes no me importa soportar.

Feral Percy

– Si en vez de ser un tío de tu edad que viste juvenilmente, que es objetivamente guapo y rollo maduro atractivo, pesases cuarenta kilos mas y fueses calvo y los tíos pasasen de ti, ¿qué pensarias de ti mismo?

– Me vería como un baboso, por decirlo en pocas palabras.

– ¿A que ahora te sientes mejor?

– No me siento mejor. No tengo que sentirme mejor, tengo que ser mejor. Pero aún así me pregunto: ¿cuando alguien así te da calabazas, qué haces? ¿Lo entierras en un hoyo y lo dejas pudrirse? ¿O sigo aquí, disponible, que es a lo que él aspira? Porque una parte de mí quiere una cosa y otra parte quiere otra. Y en ese debate interno estoy, con un angelito sobre un hombro y un demonio sobre el otro.

– Ya lo dijo Oscar Wilde: un hombre dueño de sí mismo pone fin a un pesar tan rapido como inventa un nuevo placer.

– Pues explícame cómo se hace para que alguien que es importante deje de serlo, al menos hasta el punto de poder prescindir de él.

– No lo sé, pero o se avanza juntos o se avanza solo, pero se avanza.

Varias centurias más tarde me veo de nuevo trasegando manojos de papel, pesada celulosa, cubiertos de polvo, perforados por insectos, con los lomos reventados, las costuras abiertas, los cueros agrietados y los dorados desdorados. Es una metáfora, claro, de esas que tanto me gustan. El caso es que desde hace tiempo tengo la sensación de que todo lo que hago es parte de una misma tarea: se trata de colocar cada cosa en su sitio, cada persona en su lugar, cada rey en su trono y cada dios en su altar. Un trabajo sin fin, de los de vuelta a empezar sin verlo nunca acabado, como corresponde a Sísifo. Y claro, en esas mudanzas aparece lo que suele aparecer detrás de lo que lleva mucho tiempo sin moverse: suciedad. Las manos se cubren de algo pringoso, la piel acaba grisácea y opaca y la ropa también. Me veo convertido en mozo de cuerda y con manos de labrador, con las uñas siempre negras y las palmas callosas. Yo, que iba para señorito.

Feral Percy

– Ni me gusta que no quieras que nos vean juntos, ni me gusta no tener alternativas, ni me gusta saber que te gustaría que nos viéramos pero no puedo ni pretenderlo. Contigo no me queda más que hacer que chatear y, con suerte, vernos un día durante un par de horas y a escondidas.

– Non sei qué disir.

– ¿De verdad crees que es eso lo que yo valgo?

– Estoume sentindo bastante mal. Isto é ao que estou disposto: queres que deixemos de falar?

– Aquí se abren dos alternativas: la primera es poner las cosas como deberían estar, la segunda es matarla. ¿Te das cuenta de que en situaciones como ésta tú siempre optas por el asesinato? Es lo más fácil.

– Pode que sexa esa unha rasón, pero é que ese “poñelas como deberían” non é ijual para ti e para min. Ningún de nós sabe cómo deberían ser as cousas.

– Ya me he cansado, llevo tiempo sientiendo que hago el imbécil.

– De quén te cansastes, de min?

– De esforzarme por entender qué pájaros hay en tu cabeza, además de los míos propios, de esforzarme por soportar a esos pájaros, de esforzarme por ayudarte a verlos, de esforzarme por sonreir cuando te niegas a matarlos, que sería lo que tendrías que hacer para poder ser adulto, sea lo que sea eso de ser adulto. De esforzarme, vamos. Cuando uno se esfuerza se cansa. Yo me cansé.

– Por qué choro? Realmente era esto o que estuven buscando. Moi ben, agora sí que está disidido, se hai que matar, mátase, esta terra xa non é vizosa.

– Pero no hay que matar, no es eso lo que yo quiero. ¿Es lo que quieres tú?

– Non sei qué faser, sabes? Non sei qué faser. Eu tamén estou canso, estou canso de estar perdido e non saber nada, e por ensima non fajo nada por remedialo e tí estás canso. Ademáis, mil veses lle buscamos solusión. Prefiro chorar un pouquiño e pasalo mal un tempiño, e lojo acábase.

– No sé que decirte. No quiero perderte, pero tampoco quiero dejar de ser yo, y contigo no puedo ser yo. Quiero ser todo lo que soy, que no es poca cosa, y quiero que tú seas todo tú, no un ente semiabstracto con el que sólo puedo chatear un ratito de vez en cuando y al que sólo he visto a escondidas y con prisa.

– Sei que non vou atopar oitro millor e sei que despois, cando me arrepinta, tí non vas estar. Se pudera querer a aljén, ter a aljén, prométoche que ese serías tí, e se pudera escoller quen me queira, tamen che escollería a tí. Pero non podo. Síntoo moito.

– Supongo que ya la estás matando.

– Creo que sí.

Pocas veces me he visto obligado a prescindir de una persona, y siempre me ha resultado difícil. La mayoría de las compañías hirientes he podido dejarlas aparcaditas, como en cuarentena no declarada, para librarme de sus efectos perniciosos. Una o dos me han forzado a situaciones menos agradables, pero me he recuperado o sigo recuperándome. Sólo un par de veces se trataba de personas que no sabían cómo estar conmigo, o tal vez yo no podía estar con ellas sin menoscabo de mí mismo. Nunca lo tendré claro. Con ellas todo prometía ser mejor al día siguiente, sólo oía trinos de oropéndolas y aleteos de mariposas, sólo sentía olor de alhelíes y de musgo ribereño, sólo veía el verde de sus ojos, el dorado de su pelo dorado y de sus mejilas melocotónicas, sólo sentía en mis mejillas sus manos de cachorro.

Un libro más que tengo que cambiar de sitio. Le agradeceré, al menos, que me haya ayudado a limpiar un poco del polvo que se acumulaba sobre mí. Ahora mi piel se ve más limpia y mi corazón más viejo. Le tengo cariño a este libro, hemos pasado buenos momentos juntos y me ha enseñado mucho, o me ha obligado a aprender, que viene siendo la misma cosa. Le buscaré un anaquel cerca de la ventana, que pueda ver cuando me acueste y también al despertarme, al que lle llegue la luz del sol por la tarde, aquel sobre el que suele dormitar mi gato. De vez en cuando pasaré sus hojas buscando de nuevo su olor y su tacto y repasaré sus palabras en busca de recuerdos que, como suele ocurrir, poco a poco se desvanecen.

Anaqueles somos, si se me permite.

.

.

Amancio Prada. Corre o vento, o río pasa. Rosalía Castro.

Corre o vento, o río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camiño da miña casa.

Miña casa, meu abrigo,
vanse todos, eu me quedo
sin compaña nin amigo.

Eu me quedo contemprando
as laradas das casiñas
por quen vivo sospirando.

Ven a noite…, morre o día,
as campanas tocan lonxe
o tocar do Ave María.

Elas tocan pra que rece;
eu non rezo que os saloucos
afogándome parece
que por mín tén que rezar.

Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.

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Archivado en: dolor

4 Responses

  1. Groucho dice:

    Coloca tu mano derecha sobre tu hombro izquierdo y tu mano izquierda sobre tu hombro derecho. Has recibido un abrazo a distancia. ¡Feliz Año 2010!

  2. Juane dice:

    Matar, a veces, aunque no estoy seguro de si es siempre así, es mejor que matarSe.

  3. Beauseant dice:

    me suenan muy cercanas al corazón y muy lejanas en el tiempo tus palabras.. casi diez años.. es complicado deshacerse de ciertas relaciones que, sabemos, no nos hacen ningún bien, por eso es mejor hacerlo como con las tiritas, tirar de golpe y aguantar las lágrimas porque, al final, pasan..

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