Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[380] Parábola.


El otro día tuve un sueño. En realidad supongo que tendré sueños todos los días, no sólo cuando me agita alguna pesadilla, de esas que cada vez rarean más. Esta vez recordaba bien mi sueño después de despertarme. Tengo un cuadernito que llevo siempre conmigo para anotar en él los sueños que recuerdo, pero son tan escasos que casi no tiene más que páginas en blanco, o más bien amarillentas, de tan sobadas que están ya. Ese día, mientras desayunaba, convertí en tinta mi sueño, que es como apresarlo para poder interrogarlo. Más tarde recuperé el cuaderno del fondo de mi mochila y leí lo escrito. Las imágenes que me evocaba mi letra me parecieron una hermosa metáfora que algo tiene de lírico, algo de místico y algo de cómico.

– Cómo non escribes nada novo no blog?

– No escribo porque no tengo nada que decir, salvo lo que ya he dicho mil veces. No quiero repetirme.

– A min jústame o teu xeito de escribires.

– Escribo por necesidad, cuando no me hace falta no escribo.

– Eso xa mo tes dito. Pero eu creo que, no fondo, aljo sí que che justa.

– Me gusta gustar, es cierto.

– Fáiseme raro iso en tí. Es tan adulto e tan sereo que non che peja.

– No soy adulto. Y sereno menos. Ojalá lo fuera. Intento serlo, pero lo que en realidad se me da bien es parecerlo.

– Sí, sí que o fas ben. A min convénsesme.

– En eso nos parecemos: somos buenos farsantes.

– Chamoume a atensión un comentario de hai tempo, dunha muller que disía aljo así como: siempre nos enamoramos de quien no debemos, nos hacen daño, pero es culpa nuestra.

– ¿Por qué te llamó la atención?

– Por varias cousas. Primeiro pensei que esa tipa estaba colgada. De onde tiraba ela tantas conclusións? Onde puña que estiveras namorado e que eu fose o malo? Interpretou que eu era esa clase de persoas que van por ahí xojando ca peña e fan sufrir para divertirse. Non me justou. Pero lojo pensín que ijual non era solo a animada imaginasión da tipiña, senón que en realidade tí querías expresar aljo así.

– ¿Y era eso lo que yo decía? Al menos no tuviste dudas sobre ti mismo.

– Nese momento desidín que os teus escritos son moi complexos pra min. Ou demasiado confusos, non sei. De todas formas encántanme. Pero xa me resignín e non pretendo interpretalos.


Foto: Canvaz.

En el sueño me vi acompañando a un grupo de personas, de las que sólo conocía a una. Íbamos vestidos como se viste uno para caminar campo a través. El día era gis y húmedo y el cielo lo ocultaban las nubes. Comanzábamos descendiendo una ladera bajo eucaliptos. Nuestros pies pisaban una hierba húmeda y resbaladiza. Este rocío del principio se hacía más copioso a medida que bajábamos el monte, hasta convertirse en agua corriente que nos empapaba las botas y nos impedía pisar con pie firme. A pesar de este correr de aguas, el pasto no estaba erosionado ni había cauce reconocible.

Cuando llegábamos al pie de la ladera, el fondo anegado de lo que parecía valle estaba cortado por un precipicio. Al asomarnos a él nos dábamos cuenta de que estábamos sobre el borde de una garganta profunda. El agua que nos había acompañado en el descenso caía en cascada hasta el río que recorría el fondo, pero lo hacía de un modo alborotado, estruendoso y desordenado, como hacen las cosas los principiantes.

– Tú no me has hecho daño nunca. Yo me he hecho daño solo.

– Nunca entendo moi ben esa clase de comentarios difusos, que dis pero non explicas. Hoxe vasmo explicar. Veña, vai falando.

– Lo que quiero decir es que siempre he intentado estar con personas que me sirvieran para mitigar algún dolor. Para conseguirlo hacía sacrificios que resultaban dolorosos también. Yo a eso lo llamaba amor.

– Amor masoquista, lo?

– Amor despistado. Un analgésico no sana, idiotiza. Eso yo no lo sabía entonces. Incluso ahora, saberlo no me sirve de mucho y sigo fijándome en personas en las que busco algún tipo de cura.

– Oooh! É bo sabelo. Entón eu son un deses antídotos? Teño curiosidade, non é que me importe.

– Dime una cosa: ¿cuando alguien te gusta, por qué te gusta? ¿Cuando quieres a alguien, por qué lo quieres? Si vas a decirme que no buscas nada en esa persona, piénsatelo dos veces antes de contestar.

– Qué va, non vou responder, non sei qué disir. Supoño que che justa, ou lle queres, sin máis.

– Sí, eso creen todos. Pero yo soy un descreído. Muchos creen que quieren a alguien cuando, en realidad, sólo lo necesitan. O sienten que lo necesitan, que viene a ser lo mismo. Puedo darte nombres si lo deseas.

– Entonses a ti nunca che justou ninjén, sin mais?

– Yo creí que sí, pero ahora sé que no. Tú mismo no podrías responder una cosa ni otra con seguridad.

– Es un lio. Tí, en ti mesmo.

– Pues yo no veo el lío por ningún lado. Una cosa es lo que sientes y otra por qué lo sientes. Y otra muy distinta por qué crees que lo sientes. Es una percepción con varios filtros de subjetividad. Hasta el más pintado se pierde en ella.

– Sí, sí, xa entendo a premisa, pero non sei se mo creo. Se queres a aljén, queres a aljén e sábelo. Cómo vai ser doutro xeito?

– Ayudémonos de una parábola: ¿de qué color vas vestido ahora?

– Vou de verde.

– ¿Cómo sabes que vas de verde?

– Porque o vexo.

– ¿Cómo lo ves?

– Cos ollos.

– Entonces tu ropa tiene un color. Tus ojos ven ese color. Tus ojos le dicen a tu mente qué color es ese. Ya hay dos pasos intermedios entre el color y tú: unos ojos y una mente. Confías en que ninguno de ellos va a ser engañoso, tú sólo percibes un color en tu rops y no pones nada en duda. Eso se llama tener fe: creer lo que no vimos. Dicen que es un don de Dios. Pero los daltónicos existen.

Foto: Hhypnoskull.

El sueño no acaba aquí.

De algún modo éramos capaces de alcanzar la otra orilla de la garganta. Si la primera era escarpada y repentina, ésta bajaba en suave pendiente y estaba tapizada de hierba entre la que florecía en diente de león. El sol lucía y apenas calentaba La brisa no era molesta. Descansábamos mirando el arco iris que formaba la cascada al caer.

Mi amigo y yo teníamos curiosidad por seguir río arriba, por el fondo de la garganta, así que abandonamos el grupo. Al cabo de un par de curvas la brecha terminaba y el terreno ascendía también por su extremo. Ni rastro del caudaloso río que venía ocupando su fondo. Aquella masa de agua povenía de un riachuelo de poca monta que, como sin quererlo, barría en silencio el borde inclinado de la garganta, dejando pelada una estrecha banda que mostraba al sol algunos pedruscos.

– Pero sijo sin saber por qué tí te namoras de mentira.

– Y yo sigo sin saber por qué estás tan convencido de que tú no haces lo mismo. Además, no era mentira.

– Pois polo mesmo que estou convensido de que a miña roupa é verde.

– Confías en nada invisible te engañe. Ojalá tengas suerte.

– Pois se hai aljo que me enjaña, enjañoume, pero da ijual. Eu estaba namorado porque me sentia namorado, ainda que en realidade só estuvera namorado por un enjaño.

– Cuando el engaño te duele deja de darte igual. Me he pasado la vida utilizando a los demás y dejando que me utilizaran, que son las dos caras de la misma moneda. Y todo eso sin saberlo, lo cual lo hace casi cómico. Si quiero cambiar una cosa hay que cambiar la otra. Amén.

– Pois que mal vas. Cres no amor puro? Eso déixallo ós poetas do vintesete. Se queres a aljén é por aljo, para janar aljo e dar aljo, non por ningunha entidade abtracta que aparesa aí e vos faja querervos.

– Una cosa es ganar algo cuando estás con alguien y otra muy distinta es estar con alguien para conseguir ganar algo. Además, creía que eras tú el que pensaba que a alguien se le quiere porque sí, sin más.

– Si, claro! É que non sei cómo explicalo. As palabras ás veses quedan curtas.

– Si consigo que te queden dudas habré hecho algo bueno hoy.

.

.

Silvia Penide. Reventaba.

Archivado en: prospección

2 Responses

  1. Tesa dice:

    Yo siempre me he enamorado de quien no debía.
    Como esa tipa que dices. Decirlo no implica ninguna maldad, es lo que hay.
    :)
    Nos gusta un perfil de gente, que nos da una parte de lo que necesitamos. Seguramente diversión.
    Pero ni serenidad, ni cobijo, ni fidelidad, ni siquiera amor.
    Y elegir conscientemente esas personas, sabiendo lo que hay y que dolerá, es culpa nuestra.

  2. El amor son muchas cosas, supongo. Para este tipo de preguntas, de cuestiones que uno se hace sobre el amor, yo pregunto a la gente mayor. A la que lleva mucho tiempo en pareja, y además me da la impresión de que siguen enamorados.
    Mi madre, una de estas personas, siempre me ha dicho que el amor cambia, que implica muchas cosas distintas a lo largo del tiempo, incluyendo el sacrificio sin esperar nada a cambio, la entrega.
    Recuerdo que una de las cosas que más me impresionó cuando me respondió a una pregunta fue cuando ella me dijo que si tuviera que elegir entre sus hijos (entre ellos yo) y mi padre… elegiría a mi padre. Supongo que eso es amor, no?

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