Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[376] Pindo.


Los recuerdos más antiguos que conservo tienen olor a algas y a berzas. Pocos bajo techo y muchos sobre arena. La casa en la que llegábamos a fin de mes era pequeña, vieja y pobre, no como el bolsillo de mis padres, sino como su corazón.

El invierno de mi niñez era un rosario de catarros y chubascos, de tazas de té inglés, de calles empedradas, de visitantes de pelo plateado, de pies fríos en clase, de paseos por las murallas, de puestas de sol, de olor a goma de borrar, de vendavales, de desayunos pan frito, de bandadas de estorninos, de toses y mocos, de libros nuevos, de libros viejos, de clases de piano, de respuestas de mi padre y de preguntas de mi madre. Hubo en ella montones de momentos dulces que engañaban el hambre de no sé qué, la permanente carencia de algo que hasta hace poco no supe explicar, una tinta gris que siempre lo regaba todo sin ocultar nada.

Los veranos todo tomaba otro color.

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– Por qué as nosas conversas acaban sendo sempre tan trasendentais?

– Será porque quiero conocerte.

– Non entendo moi ben ese interés.

– Lo que he visto de tí me gusta. Promete cosas aún más interesantes por descubrir.

– Sei que ajora esperas moitas cousas, que che dija moitas cousas e que nun futuro actúe dacordo co que dijo. Dame medo alterar a miña vida con aljo tan forte. Se estivera dentro da miña vontade escoller, escollería non sentir nada.

– Esa es la diferencia entre estar vivo o estar muerto. No en los latidos del corazón, sino en que los muertos prefieren no sentir. Su corazón sólo sirve para bombear sangre.

– Asústame moito que me fales así, que me dijas cousas que me asombran. Sinto como si só cas tuas palabras pudeses coller a miña vontade cas tuas mans. Pensa un pouco.

– Qué debo pensar?

– Imaxina que nos conosemos: caémonos ben e está admirasion que sentimos crese. Imaxina que nos collemos cariño e que nos sentimos atraidos e que xojamos cos nosos corpos e nos justa. Imaxina que teñamos janas de repetir e que o fajamos e que cada ves esas janas aumentan.

– Eso se llama castillo en el aire. El miedo te tiene atado de pies y manos. Mejor descubrirlo que quedarse con la duda.

En mi última visita a mi terapeuta me recomendó que leyera a Platón, especialmente su Banquete. Ha sido para mí un descubrimiento. Aquí Platón, el de los anchos hombros, pone en boca de Sócrates una hermosa disertación sobre el amor, brillante a la luz del vino y de las miradas de los amigos, reunidos en simposio. Según el maestro, el amor tiene sujeto y objeto. Quién ama, ama lo que desea y desea lo que no posee, que es aquello de lo que carece y de cuya posesión siente nostalgia. Platón lo ilustra de un modo muy pedagógico, en forma de diálogo entre Sócrates y Agatón:

– Creo, en efecto, que dijiste más o menos así: que entre los Dioses se organizaron las actividades por amor de lo bello, pues de lo feo no había amor. ¿No lo dijiste más o menos así?
– Así lo dije, en efecto.
– Y lo dices con toda razón, compañero –dijo Sócrates–. Y si esto es así, ¿no es verdad que Eros sería amor de la belleza y no de la fealdad?
Agatón estuvo de acuerdo en esto.
– ¿Pero no se ha acordado que ama aquello de lo que está falto y no posee?
– Sí –dijo.
– Luego Eros no posee belleza y está falto de ella.
– Necesariamente –afirmó.
– ¿Y qué? Lo que está falto de belleza y no la posee en absoluto, ¿dices tú que es bello?
– No, por supuesto.
– ¿Reconoces entonces todavía que Eros es bello, si esto es así?
– Me parece, Sócrates –dijo Agatón–, que no sabía nada de lo que antes dije.

En pocas palabras: el que ama busca la belleza de la que carece. Esa belleza que es el camino de su ser mortal hacia la eternidad. Delante del espejo el amante se ve ruín y busca en su amado el remedio a su ruindad. El amado es, visto así, el remedio a los males del amante.

Más adelante Sócrates evoca un diálogo entre él y Diótima, mujer de Mantinea, que revela la clave de este dilema: poseer lo bello hará bello al amante, y poseerlo será crearlo, en el cuerpo como en el alma. De nuevo la procreación de lo bello lleva a la eternidad.

En consecuencia, los que son fecundos según el cuerpo se dirigen preferentemente a las mujeres y de esta manera son amantes, procurándose mediante la procreación de hijos inmortalidad, recuerdo y felicidad, según creen, para todo tiempo futuro. En cambio, a los que son fecundos según el alma, pues hay, en efecto, quienes conciben en las almas aún más que en los cuerpos lo que corresponde al alma concebir y dar a luz, ¿qué es lo que le corresponde?

(…) Así, pues, en razón de su fecundidad, se apega a los cuerpos bellos más que a los feos, y si se tropieza con un alma bella, noble y bien dotada por naturaleza, entonces muestra un gran interés por el conjunto; ante esta persona tiene al punto abundancia de razonamientos sobre la virtud, sobre cómo debe ser el hombre bueno y lo que debe practicar, e intenta educarlo.

En los anaqueles de mi casa solar cuento hoy más libros que en la biblioteca de Alejandría. Entre ellos hay varias ediciones del Banquete. Ninguna de ellas me tentó nunca, seguramente por el hartazgo que me provocaba el empeño de mi madre en referirse al mundo clásico como a una Edad Dorada. Hoy vengo en descubrir, dibujados en sus páginas, las grietas que se abren en mis muros, en apariencia sólidos.

Una vez le dije a alguien que no me podía pedir que fuese fuerte, porque no podría. Soy tenaz, que es cualidad muy diferente: soporto enormes cargas sin romperme, pero no sin doblarme. En los momentos difíciles traigo a mi memoria episodios siempre de mi infancia, siempre al sol de la ría, siempre la misma ría. Su recuerdo y, sobre todo, la esperanza de que algún día las cosas volverán a ser como entonces, alimentan mis fuerzas cuando escasean. Mi mundo no es éste, sintético y mineral, sino aquel más vegetal y marino, de pies llenos de tierra y manos callosas, de pan caliente y páginas de libros. ¿Podré algún día hacer mi vida al amparo del rumor de las olas?

Me atraen las personas que llevan la huella del sol en sus mejillas.

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– El otro día un amigo me preguntó qué me gusta de tí.

– Non che prejuntou qué non che justa de min?

– Pues no. Le dije que me gusta absorber tu energía. Eres vigoroso y transmites algo muy positivo. Luego me preguntó tu edad.

– O teu amijo dixo aljo que aportara aljo?

– Sí: sus preguntas despertaron otras respuestas.

– Explicame ben eso.

– Creo que te veo de un modo un poco egoista. Lo que veo de bueno en tí es lo que resulta bueno para mí, no termino de ver claro qué tengo yo de positivo para tí.

– Sínteste solo?

– No lo sé, sólo siento que estaría mejor con compañía.

– Para se divertir non importa a edá, pero para compartir unha vida é todo moi diferente. De verdá poderías velo como unha posibilidá real?

– Con sus dificultades añadidas, claro.

– Pronto eu sería un home feito e estaría vivindo cun ansiano a quen tería que coidar durante o que me quedara de xuventude. Non vería xusto eso. Tamén eso é ser ejoista.

– Por eso hablo de dificultades. Para mí sería difícil tenerte lejos, no poder contar contigo y tener que andar con farsas que he superado hace mucho tiempo. Las dificultades serían para los dos, o los riesgos.

– Eu ainda teño moito que experimentar.

– Eso entra dentro de lo que quieres o no quieres. De todos modos, todo eso no hace inviable una relación duradera, sólo la hace más difícil.

– Non sei por qué falamos deso, porque eu non quero nada deso.

– Lo que sale por la boca es porque está en la cabeza.

– Hoxe asústasme. Fasme crer que significo tanto para ti, que realmente son un problema na tua vida. Son estimulo de moitas cousas en ti e fajoche pensar e plantearte cousas. Eso asústame un pouco.

– Necesito gente así. Para corazones planos, me llegan los de otras personas que me rodean.

El monte Pindo es una mole de granito rosado que muestra sus mejillas al sol de poniente, como si quisiera avergonzar al cabo Finisterre, que le da la espalda, medroso. Sobre sus 627 metros de altura al borde del mar, se puede observar, al ponerse el sol, el rayo verde del que habla Verne. Aquí tembló Bruto mientras veía apagarse el sol en el mar de los Atlantes. Los marineros de la zona dicen que, según se aproxima uno a la costa, el compás deja de señalar el norte, queriendo mirar hacia la inmensa mole del monte, más a medida que más se acerca. Cuando me aproximo a él a través de la planicie de aluvión que huye a sus pies, mis ojos nunca me dejan mirar otra cosa que el monte rosado, tal es su magnetismo, también para las mentes, también para los corazones.

Hoy te llamaré Pindo.

firma_sis

Hedwig And The Angry Inch. The Origin of Love.

Archivado en: introspección

3 Responses

  1. Tarn dice:

    Creo que voy a echarle un vistazo al Banquete.

  2. Stultifer dice:

    Notición

    El 13 de octubre es el Stairs Day. Coloca tu escalera ese día en tu blog para conseguir subir y subir hasta lo más alto. No es una apuesta, no es un macrobotellón de escalones, no es un aniversario de los más de 1.000 post colocados en dos años con la temática de la escalera. Es el STAIRS DAY.

  3. Àngels dice:

    Qué gustazo leerte querido Sísifo, qué preciosísimo post. Gracias por el regalo de alimentar con tus palabras mi mente y mi corazón. Muacssssss.

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