Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[328] Yeray.


Hoy me acordé de Yeray. Yo caminaba hacia casa, añorando mi siesta antes ya de comer, y Yeray vino a mi mente como un recuerdo cubierto de polvo y un poco reseco. Hace mucho que no lo veo, al menos dos o tres años, y no creo que vuelva a aparecer ante mis ojos.

yeray

Yeray era el único hijo de cierto guitarrista con el que, por aquel entonces, Aleph intentaba llevar adelante un proyecto que finalmente acabó en agua de borrajas. Yo solía acudir a sus ensayos, en calidad de chófer, de público severo o de simple dominguero ocioso. Solían ser en casa de los padres de Yeray, veinteañeros venezolanos de familia pudiente que se habían lanzado a la aventura transatlántica en busca de un futuro artístico con un embrión en el vientre, hasta que las facturas y la costumbre de una vida cómoda les obligó a convertir su arte en ocio de fin de semana.

El primer día Yeray nos abrió la puerta en camiseta y pañales, me miró fijamente con los ojos asombrados como platos, me cogió de la mano y me llevó a la cocina. Aleph nos seguía, divertido, intentando llamar su atención, pero nada tuvo que hacer: el niño se había prendado de mí y yo de él. Durante los ensayos Yeray me mostraba todos sus juguetes con intención pedagógica, mientras con su lengua de trapo me explicaba la diferencia entre un pez espada y un pez martillo, por ejemplo. Porque a Yeray le gustaban los animales. Todos sus muñecos eran animales, todos sus libros de cuentos eran sobre animales, sus películas eran de animales y hasta sus pijamas representaban animales, sobre todo de los que nadan.

Yo me sentía muy torpe con Yeray. Mi usual capacidad de empatizar con los niños se esfumaba con él, no era capaz más que de mirarlo con aturdimiento, como avergonzado, temeroso de cómo Yeray podría juzgar cada palabra y cada gesto mío. No sabía que los niños de dos años aún conservan la sensatez, y hacen y deshacen y rien y lloran y dan y piden cuando pueden y quieren, que es como debería ser, o al menos como a mí me gustaría que fuera.

Un día, cuando ya nos íbamos, Yeray se acercó a la puerta y me cogió la mano. Yo me agaché y quise darle un besito en la mejilla en señal de adiós. En el último segundo Yeray giró la cabeza y me besó en los labios. Luego, dejándome perplejo, me soltó la mano y agarró la de Aleph diciéndole adiós, adiós, adiós, entre risas y brincos. Aleph reaccionó a tiempo de cruzar dos palabras distractoras con los padres mientras yo entraba en el ascensor entre lágrimas. Ese beso de Yeray me había encantado, pero, sin saber por qué, me había dolido también.

No hecho de menos nada de aquello. Antes bien, me sentí aliviado hoy al recordarlo, creo que porque está claro que se trata de un recuerdo.

firma_sis

Paulo Bragança. Cansaço.

Por trás do espelho quem está
de olhos fixados nos meus?
Alguém que passou por cá
e seguiu ao Deus dará,
deixando os olhos nos meus.

Quem dorme na minha cama
e tenta sonhar meus sonhos?
Alguém morreu nesta cama
e lá de longe me chama,
misturada nos meus sonhos.

Tudo que faço ou não faço,
outros fizeram assim.
Daí este meu cansaço
de sentir que quanto faço
não é feito só por mim.

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Archivado en: memoria

11 Responses

  1. Miní dice:

    Les encantas a los nenes pequeños, es una evidencia. Y es normal, pues eres noble y bueno, y estoy convencida de que las criaturas se percatan de ello. Además creo que en algún momento de tu vida deberías tener y criar una hijo-a. Que mejor maestro-compañero-padre que tú.

  2. Chiqui dice:

    qué bonito…

    has conseguido plasmar ese recuerdo muy bien :)
    tanto que más de uno lo habrá sentido

    bss

  3. Nightnoise dice:

    Los enanitos son así, lectores de corazones directos, nos pueden tocar la fibra con una sola mirada o con un solo gesto. A mi me encantan los niños, si pudiera mantenerlos tendría más de los que tengo, ojalá …

  4. Groucho dice:

    Mi Yeray, se llama Nerea y es mi hija pequeña. Saludos…

  5. Iñaki dice:

    A veces los recuerdos pasan por la mente como si fuesen diapositivas…lo importante es acordarse siempre de la gente que ha pasado por tu vida,besos

  6. Escribiente dice:

    Sé, porque lo he experimentado, que los niños tienen un detector de emociones ajenas, de necesidades; captan tus sentimientos, son capaces de sentir si necesitas reir o llorar y saben cómo estar a tu lado.

    Me imagino que tiene que ver con esa frescura emocional que nos hace perder la socialización.

  7. Ángel dice:

    Bueno… pues, ¡un encanto de niño!
    Y… un encanto de beso.
    Los niños son siempre tan espontáneos, tan sencillos, tan bellos… que todo en ellos resulta maravilloso.
    Bonito post.
    Un saludo, Angel. Y otro beso!!!

  8. Nanny Ogg dice:

    Nada más sincero que el beso de un niño. Fíjate bien, si no les gustas se negarán a darte uno te pongas como te pongas. Ellos cuidan muy mucho a quienes entregan su cariño.

    Besos

  9. Hairblue dice:

    Prueba a criar los niños de los demás dos meses al año… Pensarás que no hacen trituradoras suficientemente grandes y potentes.

  10. Hay que revisar la programación musical de este blog, claramente. El Campo Grande queda, inequívocamente, lejos de casi todo. Se trata de un sitio muy poco recomendable. Una distancia acojonante, muy lejos del Parque de Marte.

  11. Sin duda,todos deberíamos conservar esa espontaneidad infantil…

    Besoo

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