Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[317] Plomo.


Hoy ha sido un mal día. No puedo dormir. Es muy tarde.

Hace un par de días conocí a Tatojimi, veterano bloguero amante del helado y del tabaco rubio.Tatojimi es acogedor, como un viejo camino: a cada curva algo hay que anuncia una nueva vista más hermosa que tienta a los pies a andar. Nuestras muchas horas de conversación dieron para mucho. Lo utilicé un poco -reconozco mi culpa- para terminar de entender lo que acaba de morir. Él fue escueto, tal vez no le gustó verse interrogado y le pido perdón por ello, y comprensión. Nos despedimos como nos hallamos. Espero volver a verlo antes de que acabe el año.

Recién abandonada mi adolescencia me compré una lancha de remos, la más pequeña que pueda merecer tal nombre. Me sirvió para justificar muchas horas de soledad y para convertirme en un flacucho y dejar de ser, por fin, un esmirriado. Quien ama el peligro, en él perece, dice mi padre con frecuencia, y creo que yo buscaba explorar aquella parte del globo que me asustaba por su crueldad hacia los fracasados: los náufragos no viven bajo el agua, simplemente mueren.

Años más tarde pasé a formar parte de un club de remo en calidad de miembro totalmente prescindible. Mis compañeros, hotentotes capaces de cargar el barco a hombros, eran diestros bateleros a cuyo lado yo sólo fui capaz de entender que lo que me interesaba era surcar la mar, y no hendirla con mi remo. Las olas acariciadas no son tan saladas como las olas penetradas, o eso me parece a mí. Los años siguientes fueron de aprendizaje de las artes de la marinería. El viento sonoro se reveló camino de baldosas amarillas y mi destreza sobre el barco creció hasta que la propia ría fue mi límite.

Es tarde. No tengo gana de dormir.

Después de estar ausente un tiempo largo, he vuelto a tener el mar ante mi ventana. El mar me sigue tentando cada mañana a que lo visite, mientras veo a los naseiros recoger sus aparejos. Mientras escribo esto, sin embargo, un faro experto me advierte rodeado de tinieblas: bajo esas aguas verdes no hay vida. No es cierto, porque se refiere sólo a mi vida, pero es igual. Los barcos son cosas frágiles, perecederas, pasivas, son objeto de encantamientos y sujeto de supersticiones, son vehículos de salvación y son transporte de esclavos. Siendo niño mi madre me leía cosas poco apropiadas para buscar mi sueño, como el relato de Ulises en su viaje, que por ser sobre una nave se vuelve de lo más accidentado y de lo más voluble, hasta el punto que hasta el propio Hades llega, y conoce a Sísifo y todo. No conozco road movie más angustiosa. El barco de papel en el que Andersen pone a navegar a su soldadito de plomo, corre por el arroyo, se precipita por las cloacas y se deshace como papel mojado (nunca mejor dicho) hasta entregar al ingenuo soldadito a la panza de un pescado tragón. Se trata de una trampa, un artilugio sin rumbo y sin gobernalle que te salva del agua para, tras ser destruido por ella, entregarte. Viajar en un barquito de papel es una apuesta segura por el fracaso, es un suicidio salado, es seguir el canto de las sirenas. Si el soldadito fuese de madera otro gallo le cantara, pero era de plomo, precisamente. Y el plomo, como todos deberíamos saber, no puede flotar. Pero el soldadito no es un ser vivo, así que le da igual estar bajo las olas que sobre ellas. Realmente le da igual todo: ser o no ser, estar o no estar, hundirse o… no, no, hundirse siempre duele.

No tengo sueño.

Me he pasado medio día en cama. Antes de que anocheciera mi bici me ha acercado al antedicho faro para dejarme sentado al borde del cantil. Pechéi meus ollos verdes, verdes coma a auga do mar, y escuché el fragor de las olas intentando acompasar a ellas mi respiración. Algo pasó y no sé qué fue: un llanto seco y breve subió a mi mentón tembloroso. Volví a subir a mi bici y regresé a casa.

Mañana va a ser un mal día. Y no puedo dormir.

Pepe Motta. Sin piel. Eladia Blázquez.

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5 Responses

  1. Adelasuma dice:

    mañana es hoy,
    y como tiene otro nombre, “hoy”,
    será un día, sin mal

    derribar paredes es bueno, ayuda a tirar lo que sobra camuflado entre los escombros
    (hay que hacer algo con la pared de la entrada)

    así que, en una hora, maza en mano, vamos a sacarle partido al día de hoy,
    que, aunque a veces te olvides, somos caballeros de costa, junto al mar siempre pero con los pies en la tierra y la cabeza surcada de nubes, bajas como sólo aquí existen; nubes que hacen desaparecer lo deleble, lo inestable, lo inseguro, lo borroso, todo eso que sólo existe cuando fijamos en ello nuestra atención: si dejamos de mirar, sólo el olvido

    beso

  2. Devaneos dice:

    parece que no fui el unico que no dormia anoche, pero cierto, no son horas :P

    pues yo ahora me daba un paseo en barca…

  3. Canalla dice:

    q gay keda lo del club de remo…de verdad q eres capaz d ecualkier cosa con tal de exar un kiki….con lo serio y neurótico q pareces aki y….solo resultas neurotiko al trato….andersen dice…..q loko….mal dia’???

    mal ??’

    dia???

    no me lo creo. y si no me lo creo no pasa. así somos los pekeños budas q jugamos a q se nos escurra el cosmos etre los deditos

    ala

    moaaaaaaaaaaa

  4. Carmncitta dice:

    Qué bueno lo del club de remo, aunque a mí me sugiere otras cosas jaja

  5. Tatojimi dice:

    Es tarde para cantarte una nana y que duermas soñando en largas y maravillosas travesías, esas que harás.

    Pero a veces, lo que creemos una travesía larga, porque es lo que queremos, es solo un paseo bordeando la costa, para disfrutar de ese suave balanceo que produce las olas. Porque a veces, la mente nos engaña, y vemos algo, donde a lo mejor no hay.

    O cogemos una lancha fuera borda, cuando a lo mejor, un velero de suave navegar, hubiera sido más apropiado. Porque a veces, la mente nos engaña, nos ciega. Y confundimos los deseos con la realidad. No nos deja ver lo que hay que ver. Porque a veces, también, es más fácil ver en la lejanía, que lo que tenemos más cerca.

    El remo es un deporte interesante. Yo, paseando por el río de Pontevedra, casi me decido a ingresar en uno de esos clubs de remo. Por los compañeros, más que nada.

    Los segundos helados, y los terceros, me suelen gustar todavía más que el primero. Y eso que el primero, me supo a gloria.

    Besos.
    Muchos.

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