Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[315] Oz.


– Tú no tienes ni idea de lo que fue mi vida desde entonces.
– Pues, francamente, no.
– Ya. Es evidente.

El espantapájaros se puso en pie y se alejó unos pasos.

– No entiendo por qué te quejas.
– Motivos no me faltan ¿sabes?
– Pero no tenemos nada que reprocharle. Nos dio lo que le pedimos, nada más. Se portó bien con nosotros.
– Eso no es cierto. No nos dio lo que queríamos.
– Claro que sí.
– Nos dio lo que creíamos querer, que no es lo mismo.
– Sí que es lo mismo.
– ¿Cómo va a ser lo mismo? Al obedecernos nos hizo la mayor faena posible. ¿Cómo iba yo a saber lo que quería, si ni cerebro tenía? Ese mago se limitó a escuchar y obedecer. Ya ves tú cuánto le importábamos.
– Le importábamos, está claro. Y yo tampoco tenía cerebro, recuerda.
– Y sigues sin tenerlo. Pero a mí me dio uno, y funciona.
– Eso parece.
– Sí, parece. Y por eso ahora sé que me engañaba. Ahora sé que, en realidad, yo buscaba algo mucho más simple, pero más difícil de concebir.

El espantapájaros miró al suelo con la mirada perdida. Los minutos pasaron vacíos. El hombre do hojalata rompió el silencio.

– Sólo era un mago. Un hombre bajito con magia en las manos que llegó allá en un globo a la deriva.
– ¡Valiente mago, que no era capaz de entender ni siquiera la mente de un espantapájaros!
– Él cumplió su parte del trato.
– ¡Y estará orgulloso! ¿Es que no sabía ver lo que veníamos buscando?
– Buscábamos lo que le pedimos que nos diera.
– ¡No! ¡Buscábamos rellenar un hueco, necesitábamos tapar un vacío!
– Eso mismo, un vacío. El mío estaba en el pecho y el tuyo en la cabeza.

El espantapájaros miró al hombre de hojalata con asombro.

– ¿Y el del león? ¿Dónde estaba el del león? ¿En la entrepierna?
– No lo sé. Suele localizarse el valor en el escroto, pero yo carezco de él.
– No lo jures.

El espantapájaros se puso en pie. Le temblaba la voz.

– Cómo se ve que tienes la cabeza hueca. ¡Eres un verdadero zoquete!
– La cabeza sí, pero no el pecho, y eso me hace feliz.
– Te equivocas de nuevo. Lo que te hace feliz es tener corazón pero no cerebro. ¡Claro, así es fácil vivir, siendo un perfecto imbécil, pero un imbécil feliz! Lo contrario es insufrible. Créeme.
– Exageras. Sin duda exageras.
– Y tú no quieres reconocer que tienes a ese mago de Oz en un pedestal ¡Sólo porque es la única persona que ha hecho algo por tí!
– Dorotea me ayudó mucho. Y a tí también. A todos nos ayudó.
– Eso no es exacto.
– ¿Por qué dices eso? Sin ella no habríamos llegado a la Ciudad Esmeralda. Es más, ni siquiera nos habríamos propuesto ir.
– Un ciego guiando a otro ciego, no más que eso.
– No sabes lo que dices.
– Alguien que sólo quiere volver a Kansas, cuando allí ya no la espera ni familia ni amigos ni casa,  es una idiota redomada.
– ¿Es que no era eso lo que ella quería?
– ¿Otra vez? No lo has entendido aún: eso era lo que ella creía querer. Más le hubiera valido que la convirtieran en árbol.
– Los árboles no tienen corazón, los árboles no aman ni son amados.
– Pero tienen raíces, que es lo que Dorotea deseaba.
– Deja de suponer los deseos de los demás. Ni siquiera tienes claros los tuyos.
– ¡Claro que sí! ¡Yo quiero ser como tú! ¡Yo quiero tener corazón, como tú, o valor, como el león! Pero no puedo. Ya no podré nunca.
– ¿Por qué no? Ya pudimos una vez.

El espantapájaros buscaba las palabras.

– Porque el mago de Oz me hizo… inteligente. ¡Yo ya no puedo creer en sus hechizos! No, claro… ¡Y no puedo porque sé que son simples trucos de feria! ¿El corazón? Un naipe. ¿El valor? Loción para el cabello. ¿Y la inteligencia? Esa fue la mejor: la inteligencia era un puñado de alfileres. Eso fue todo. ¡Nos engañó! ¡A mí me engañó! ¡Maldito sea el mago de Oz, maldita su magia, maldita Dorotea y maldito tú!

El hombre de hojalata calló unos instantes.

– No, te equivocas de nuevo. No nos engañó, porque no eran trucos. Funcionaron, eso lo demuestra. ¿Acaso no eres inteligente ahora?
– Ahora no llevo una venda sobre los ojos, que no es lo mismo. Esos no eran más que trucos. Lo que es peor: era la forma de hacer de nosotros algo que nunca fuimos.
– Francamente, yo veo fácil la solución.
– ¿Ah, sí?

Sus miradas se cruzaron por primera vez.

– Sí.
– Díme cuál.
– Vuelve a ser lo que en realidad eres: un espantapájaros relleno de paja, un muñeco sin nada más que paja dentro de la ropa.
– ¡No! ¡No puedo! ¡Eso no es posible ya!
– ¿Por qué?
– ¿Cómo voy a vivir sabiendo que dentro de la cabeza no tengo nada más que paja? ¿Cómo voy a soportar saber que eso que siento dentro de mí sólo es el vacío de mi pecho? ¡No podré! Yo ya no puedo… ser un espantapájaros.

El espantapájaros se quedó mirando al suelo con la cabeza entre las manos. El hombre de hojalata alzaba la vista hacia las nubes.

– Entonces, si todo es como tú dices, sólo te queda una opción, me temo.
– ¿Cuál?
– Buscar la generosidad de las cosas hermosas.

El espantapájaros se llevó la mano al mentón y abrió mucho los ojos.

– No sé… no sé si te entiendo.
– Sólo puedes confiar en lo inanimado, en la belleza de los objetos.
– ¿Por ejemplo…?
– Por ejemplo el arco iris.

Judy Garland. Somewhere over the rainbow. The wizard of Oz.

Somewhere over the rainbow
Way up high,
There’s a land that I heard of
Once in a lullaby.
Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.

Someday I’ll wish upon a star
And wake up where the clouds are far
Behind me.
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That’s where you’ll find me.

Somewhere over the rainbow
Bluebirds fly.
Birds fly over the rainbow.
Why then, oh why can’t I?

If happy little bluebirds fly
Beyond the rainbow
Why, oh why can’t I?

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4 Responses

  1. Tesa dice:

    El camino de baldosas amarillas no conducía, realmente, al mago y todos esos dones:
    había que encontrarse a sí mismo … y volver a casa.

  2. Canalla dice:

    y por esta puta canción, todos tenemos chapitas con la bandera del arcoiris. hayq joderse de verdad…

    y no sería más fácil decir lo q seintes?

    y cuando em envias tu manual de interpretacion de post?

    Y CUANDO SALE EL SOL? YA ES TARDE, JO

  3. Fran dice:

    No aprendió nada. Los problemas de uno se los tiene que solucionar uno mismo. Echarle las culpas a los demas de todo lo que le pasa a uno en primer lugar no soluciona nada, y en segundo no es verdad.
    A mí me gustaría conocer Oz.

  4. Gachon dice:

    Puedes darte la mano con Unamuno.

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