Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[299] Sentir.


Como soy de costa y sólo como pescado fresco, aún ahora estoy descubriendo que este Reino es tierra de ríos tanto como de mares o de rías, y que de tanto amarse entrambos se pasan la vida en permanente coito, en continuo sube y baja, en un entrar y salir sin fin. En esto mi tierra patria (o mejor matria, que el linaje de mi padre es mediterráneo), con sus ullas, sus támaras, sus eumes, sus támegas, sus xallas, sus limias, sus lambres y sus xubias, demuestra haber aprendido, y bien, de lo ocurrido a Alfeo y del tormento al que Afrodita lo condenó convertido en río, que era el continuo alejamiento de su amada Aretusa, hecha fuente.

Teresa Parodi & Liliana Herrero. El tiempo está después.

Llevo dos días libre de nicotina, esta vez para siempre, amén. La falta de mi droga de cabecera me hace tener un aire como de yonki (vaya paradoja) y me provoca, sobre todo, sueño, además de algunos momentos de ansiedad que no duran más de un par de minutos y rarean cada vez más. Aunque estoy bastante insoportable, ya empiezo a percibir los olores y los sabores de otra forma, no siempre más agradable. Inconvenientes de pasar el día entre mamíferos lecheros, alcaldes y concejales. Tengo por ahí dentro unos bronquios que avisan de lo que va a ocurrir el próximo invierno. Supongo que el humo del tabaco es como tantas otras otras cosas que necesito ir desterrando: una manera de agredirme yo mismo a mí mismo, que es la peor agresión después de la infligida por la persona a la que se ama y en la que se confía.

Este fin de semana se ha convertido en una reedición de los dos anteriores, aunque no tan divertido y sí más emocionante, en el sentido de generador de emociones, que cada vez resultan menos gozosas y más nauseabundas, es decir, más atinadas. Por resumir: mismos amigos, mismo programa, mismos kilómetros, distinto escenario. Tres conciertos en dos días. Pero ya nada fue lo mismo, porque con Jueves todo era distinto. Por suerte Jueves no estuvo hasta el final, para ignorarme primero, para pedir mimos luego, para enfadarse al no recibirlos… Como es como los animalitos irracionales, ha hecho las cosas de forma que el próximo sábado nos hallemos a solas durante varias horas a bordo de mi Panda. Esto resulta agotador, pero bueno para mí. Siento que necesito el agua de mar sobre mis heridas para ayudarlas a cicatrizar, porque todo el mundo sabe que las cicatrices tiran.

Hoy me saltó a las cejas la idea de una posibilidad, que quiera dios que sea real: ¿podría estar cambiando mi forma de sentir? Desde luego, de entre las pocas cosas que me están yendo bien, la más linda es esta amistad que tengo con dulces mozalbos músicos y cómicos. Nunca he tenido amigos de cuya mano pasear ni sobre cuyo pecho dormir ni en cuyos ojos sentirme comprendido o en cuyos oídos escuchado. Presiento que éste es un cambio de etapa, y este exilio temporal e investigatorio no es otra cosa que una metáfora: huye, llora y vuelve a tu casa media cuarta más alto y con la sonrisa más ancha que nunca.

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Archivado en: dolor

One Response

  1. Miní dice:

    Tengo ganas de que me lleves de excursión. Cuando puedas y te apetezca. Besosss guapo

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