Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[297] Ficha.


El sol es una cosa grande y luminosa, calentita, sudorosa de rayos y centellas, de nacimiento y muerte fugaces y consecutivos, hijo de Mitra y padre de Cristo Jesús, que todos los días deja un reguerito de sombras en el suelo mientras dibuja un surco de luz bajo el cielo, y todas las noches se refresca en la sombra de las cavernas en las que Aquiles fue bautizado colgado por el talón. Como si yo fuese el toro aquel que raptó a Europa, que no lo soy aunque lo parezca, el sol corona mi coronilla con un fuerte color dorado, casi blanco, cuando salgo de las aguas, me miro en ellas y veo mi piel de color miel, que ya no parece la costra cerúlea del invierno.

He aprendido de los tomates (¿dónde están?): sé que sin sol no maduraré y que para hacerme con él debo retorcer mis ramas hasta exponerme a que queme mis futos de piel coloradota como la de una forneira. Jueves es el sol en este cuento, que no es parábola sobre todo porque no me da la gana, y también porque me duele la séptima región intercostal del lado siniestro, que es donde se alojan la poesía y las ganas de hablar bonito. No sé si, como dice mi Lady Mariann, Jueves no merece desvelos de nadie o si es que necesita los míos.

Este fin de semana acompañé a mis músicos de corte a un festival en Ribadavia. La compañía de todos ellos me entretiene, la de algunos me hace falta y la de otros ya ha salido del cascarón. Las patillas de Lanús nos entretenían con curiosidades durante el camino, a lomos de ese Panda que cada día me sorprende más, y nos cantaban este bonito tema, gloria del tiempo presente, adornándolo con bailes sinuosos y pueriles a través del retrovisor:

Al caer la noche me cambió el humor. Ver a mis amigos camino del escenario me hizo sentir que ellos conservan aún algo que yo nunca he tenido porque alguien me lo robó, que es la despreocupación. Siento que guardo mi corazón dentro de una lata de membrillo El Quijote que se oxida de a poquito, y eso hace viejo a cualquiera antes de tiempo. Disfruté del calor de algunos de mis amigos, de la telepatía de Lady Mariann y de las sonrisas solícitas de Lanús, al que cada día aprecio más, aunque él no se cree merecedor de gracias tales, y en cambio padecí la indiferencia de Jueves, ocupado en otras rondallas mejor vistas pero más forzadas, y en el que yo buscaba la llave de mi descanso. Cuando actuaron Aleph, Manute, Argi, Txapú, Lanús y Jueves me di cuenta de que no debía seguir allí pero necesitaba seguir allí. Los escuché desde detrás del escenario, llorando desde la primera nota hasta la última y muerto de frío. Sólo se acordó de mí Jueves cuando volvió al hotel. Por suerte Aleph guardaba mi sueño.

En Tourén volvimos a recibir agua y sol y magia hasta el anochecer. Todo bien, o casi todo. Jueves volvía a mirarme, yo intentaba no reparar en él. Cuando se acercaba yo le oía tararear picadura de la cobra gay, si te pica te vuelves gay, una voz de alerta inútil para aquel cuyos oídos no quieren encuchar lo que les dice su boca. Por suerte otro sol, el de verdad, me calentaba los huesos y un río de agua viva me hidrataba la piel. Hasta última hora no pude tumbarme a su lado y pegar la hebra. Él mismo llevó la conversación hasta donde -entonces lo vi- yo quería tenerla porque, por primera vez en mi vida, necesitaba ser yo el primero en mover ficha.

– ¿Qué te pasó ayer?

– No lo pasé muy bien.

– ¿Por mi culpa?

– No hables de culpa, pero tenía que ver contigo.

– ¿Me lo vas a contar?

Cuéntense dos caladas.

– No creo que te guste oirlo, y tengo la sensación de que no hace falta que te explique nada.

– Salgamos de dudas.

Cuéntense cuatro caladas.

– Jueves: ¿tú me quieres?

– Claro. Eres importante para mí. Me sientas bien, ¿cómo no voy a quererte?

Otras cuatro caladas.

– Yo también te quiero, pero de otro modo.

Ninguna calada.

– Pues yo de otro modo no.

Dos caladas.

– Pues ya está dicho.

– No te vayas.

– ¿No? ¿Y ahora qué? Se me han acabado las opciones. ¿O me propones otra cosa?

– No.

Una calada más.

– Pero no te vayas.

Y me fui. Le toca mover ficha.

Anuncios

Archivado en: dolor

3 Responses

  1. Ariadna dice:

    lo de mover ficha está bien,

    pero mejor es que te muerda la serpiente…

    que no te aplane la desigualdad de sentimientos.

    creo que sólo importas tú.

    no me hagas caso,

    suerte.

  2. Miní dice:

    “Siento que guardo mi corazón dentro de una lata de membrillo El Quijote que se oxida de a poquito”. Es la frase más intensa que he escuchado-leído en mucho tiempo. Eres adorable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: