Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[292] Fugaz.


Cuando yo era un infante, allá en la noche de los tiempos, mi tía me explicó en qué consistía aquello de la caída de las hojas de los árboles al acabar el verano, que no significaba su muerte, sino su preparación para gestar nuevas hojas la primavera siguiente. No sería bueno que no cayeran, me decía mi tía, otras necesitan nacer en su lugar. Era buena pedagoga mi tía, y tanto empeño ponía en enseñar que llegaba a veces a ser estrafalaria, aunque he de reconocer que no le costaba trabajo serlo, como a casi nadie en mi clan.

Ayer me reuní con amigos de antiguo, a los que conozco desde cuando no teníamos canas. Es agradable estar con quien te quiere, aún cuando se trata de un afecto sobrio, nada meloso. Necesitaba relajarme tras una jornada de trabajo que contó sus horas por veintenas sin cesuras ni pausas. Sabía que fijarían su atención sobre mi vestimenta, lejana de la habitual y también menos pudorosa.

– Qué moreno estás ¿Te depilas?

– Pues… no. La madre Naturaleza me ha hecho así, casi lampiño.

– Pues tienes una piel muy suave.

– Venga, ya está, no me gusta ser el centro de atención.

– Es que tienes un aire más macarra que de costumbre.

– ¿Cómo que “más que de costumbre”?

– Pareces un chulo de playa.

– Ya estamos con comentarios censuradores…

Podría hablar de mi comportamiento neurótico, que me hace cuesta arriba mostrar un poco más de piel de lo necesario para no pasar calor, que me provoca tirantez en la nuca cuando recibo palabras dulces de quien me aprecia o que me agita la respiración cuando alguien querido me pone en entredicho. Pero voy a dejarlo para otra ocasión, que estoy muy cansado después de un fin de semana tempranero y agotador.

Ayer hice una nueva amiga, que será la más fugaz que haya pasado nunca por mi vida. A pesar de ser francesa se acercó a mí para hablar conmigo de arquitectura y de urbanismo, con en entusiasmo de quien descubre. Su mirada me recordó la de los bebés, intensa y cristalina, que dejan de llorar cuando se la devuelvo hipnotizada y casi ahogada en sus lágrimas. Cuando me quise dar cuenta me estaba explicando su difícil dinámica familiar, incomprensible para ella, en la cual se iba a sumergir muy a su pesar cuando hoy iniciara el viaje de vuelta a casa. Tiene veintiún años.

¿No es sorprendente verse adoptado como amigo de una forma tan repentina y tan voraz por una muchacha rodeada de personas que se cuentan entre aquellas que más la quieren? A veces me siento magnético, tal vez lo sea, y ayer me sentí bien por ello. Además me vi responsable de esta rapazuela dolida de sí misma y de aquellos que habitan incrustados en su corazón, y eso me hizo sentirme mal. Eso y el verme incapaz de ayudarla a vencer su miedo a enfrentarse con lo que le frustra, que ha cobrado la forma mortal de una madre, un padre y unas hermanas que nunca dejarán de serlo.

– Al final la mejor familia es la que está compuesta por tus amigos.

– Es verdad. Aunque sea egoísta decirlo, de los amigos te puedes alejar cuando te hagan daño.

Hoy lamento que no siempre sea posible acercarse a ellos cuando te hacen bien. A veces algunos se alejan, aunque no siempre a distancias medibles en el sistema decimal, y otros no acaban nunca de serlo de verdad. Dormí tranquilo, satisfecho y con un cierto sabor amargo en la punta de la lengua.

Pasión Vega. Cómo te extraño.

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Archivado en: ilusión

4 Responses

  1. Paperboat dice:

    Tengo la impresión de que todos somos magnéticos de un modo u otro. En las relaciones que constituimos, sean de la índole que sean, habitualmente nos encontramos movidos por esas fuerzas de atracción y repulsión y así nos vamos acercando y alejando de las personas consciente o inconscientemente.

    Me parece bonito que te sintieras magnético. Por el contrario, yo últimamente me siento algo repulsivo.

    Y sí, los amigos pueden ser una familia maravillosa y cubrir huecos que duelen demasiado a veces.

    Cuanto más te leo más me gusta tu blog :)

    Besos magnéticos.

  2. Paperboat dice:

    Me gusta dejarme conocer. Como dije en un post no hace mucho, de mis rarezas soy exhibicionista porque, en el fondo, soy egocéntrico y no creo que haya dos como yo.

    Ahora bien, has de explicarme convenientemente lo de los clichés que me aplico a mí mismo. Me gustaría ahondar. Ya sabes, conocerme es un placer ;)

    Besos muchos.

  3. Miní dice:

    Qué pasa con los “chuli-plá”, tienen su punto.

  4. Interesante lo primero tu tía, luego la chica francesa y la conversación. Muy interesante eso de que la verdadera familia de uno son sus amigos. Yo no he dejado de sentir y pensar esa frase muchas veces…
    Y bueno, si pareces un chulo-playa, mejor, que eso es muy sexy.
    Saludos.

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