Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[290] Pegaso.


Jamás creí que un día vería caer a Pegaso.

En los campos arraianos lo conocí, cubierto con un sobrepelliz y mitones en los cascos. Llevaba las alas plegadas sobre la grupa y caminaba con paso cansado, como arrastrando el peso de las mil capas de lana que lo protegían del frío. Me subí a su lomo y, sin silla, me llevó por caminos polvorosos y soleados. Hoy me da pena verlo tan desfigurado.

Pegaso es el único caballo que puede volar. Él habla de sus alas, pero no las enseña si no es a quién le promete cepillarlo sin prisa, frotando en círculos su cuello y su pecho hasta sacarle brillo a su capa blanca como la espuma. Pegaso miente, se hace el remolón y sus alas no se muestran nunca. Pero él vuela de noche, sin luna y sin mí, en compañía de murciélagos y de otras cosas peores. Pegaso habla de los dioses del Olimpo y trata a los hombres como mortales y ya está, porque Pegaso vuela y los hombres no: los hombres siguen creyendo en los dioses hasta que un día derriban sus pedestales y hornean pan y pasteles a la lumbre de sus ídolos carcomidos.

Hace poco a Pegaso se le empezaron a caer las plumas. Grises y grasientas, llenaban las esquinas de una pelusilla incómoda que hacía cosquillas en la garganta al respirar hondo y hacían estornudar. Dejaron de repetirse nuestros paseos por los caminos en busca de ruínas que restaurar y sus visitas empezaron a rarear cada vez más. Oí alguna vez que quen non turra, coucea, y es cierto: Pegaso se olvidó de mí, o me dejó de lado.

Aquella promesa suya de acercarme al Parnaso entre sus alas extendidas ¿no fue siempre un engaño? Y si lo fue ¿era intencionado? Tal vez sólo quería convencerse de que puede volar, mantener una ilusión. Tal vez quería ser uno más entre los dioses, sin darse cuenta de que los caballos no pueden entrar por las puertas estrechas de los templos. No me importa mucho. Yo le hablaba a Pegaso en el oído, mis palabras le hacían bien, sabía hacerle cosquillas en la quijada para que se estuviera quieto mientras con la otra mano le tendía un níspero. Le gustan los nísperos. Pegaso es glotón y ambicioso, quiere volar.

Me he dado cuenta de que Pegaso no vuela porque ya no tiene plumas en las alas. ¿Alguna vez las tuvo? Nunca me las mostró, no me hacía falta verlo para creerlo, lo que me hacía falta era creerlo. ¿Cuántos viven felices sin necesidad de alas ni de plumas? ¿Cuantos vuelan aún sin plumas? Legiones. No sé qué es más difícil: haber perdido la capacidad de volar o necesitar volar.

Me duele ese caballo blanco, distante y distinto, no sé si porque ya no lo tengo, porque nunca lo tuve o porque no existe. Yo guardo un níspero en mi bolsillo por si un día vuelve, pero los nísperos se ponen amargos con el tiempo y pierden ese bonito tono dorado. Eso Pegaso lo sabe.

Vitorino & Luis Pastor. O cabral fugiu para a Espanha.

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