Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[289] Moisés.


Hoy voy a hablar en metáfora.

En esta oficina, cotolengo por mejor nombre, amén de vernos sepultados en mares de papeles que nos embotan las mentes y los ojos, Adelasuma y yo recibimos visitas indeseadas. Pasan por nuestro timbre el cartero, otro que acree y busca crobrar, alguno que embute los buzones de folletos de colorines y pocos más. Pero a nuestra puerta sólo llegan los que quieren vendernos algo: bolas de cristal, cántaros de mercurio, alas de mariposa, polvo de hadas o la salvación eterna, que al menos es gratis.

Guardo en mi memoria algunas tardes de aburrimiento en las que mi padre convidaba a café con bizcochos a los mormones que interrumpían su siesta. Desgranaba por diversión los argumentos de aquellos mozuelos rubios y susurrantes sólo para llevarles la contraria, como buen hombre descreído de divinidades y conocedor de la historia sagrada, siempre divertida, de la que daba todo tipo de detalles a los predicadores. En casos así yo soy más brusco, me limito a preguntar: soy sodomita, ateo y marxista ¿tu dios quiere que lo sea? Si es que no, que se vaya al cuerno; si es que sí, que me deje vivir. Con una sonrisa entre las orejas, claro.

El Antiguo Testamento es una novela entretenida. Lo leí siendo infante como quien lee una de piratas, porque piratas eran la mitad de los personajes. Entretiene, aunque no tanto como aquella versión en verso y en gallego que dormía en el despacho de mi abuelo: detente, Abraham, non mate-lo neno, que ainda é moi pequeno. Más adelante he reconocido el simbolismo de los mitos cristianos. ¿No es precioso el significado condenatorio de la sabiduría? Quien comió del árbol de la ciencia, del bien y del mal perdió el paraíso. La desdicha de la mano del saber, como debe ser.

Judas me fascina. Hasta su muerte colgado de una rama tiene lirismo, y nótese que otra vez hablamos de árboles. ¿Cuál otro podría haber sido, si no una higuera? Sus treinta monedas eran de plata, claro, tan lunar como solar era cristo, porque la luna es fría, olivácea y necesaria y el sol, en cambio, hiere los ojos y quema la piel. Cristo sale todos los días sale al orto y se pone al ocaso: su sacrificio se celebra en los altares a diario. La fé se sostiene sobre la carne y el cuerpo de un humano que fue dios. ¿Quién lo hizo posible: el Cristo que se entregó a él sabiéndose resucitado, o el traidor a quién nadie aseguró más que el oprobio?

Cuando digo que los judíos veterotestamentarios (bonita palabreja) eran un hato de sinvergüenzas me refería a las jugarretas que se hacían incluso entre personas con lazos inviolables. Si alguien pillara hoy a un Abraham cortándole el gañote a su hijo se escandalizaría, aunque casos conozco. Seguro que él se sintió orgulloso y Jehová también, si es que existe. Los hermanos de José, haciendo creer a su padre que éste había muerto, no son ejemplo de virtud. El propio Cristo Jesús, despeñando a una piara de chanchos barranco abajo, no parece muy divino.

En cambio siempre he visto a Aarón muy de otra manera. En esa visión mesiánica de la relación del pueblo elegido con su dios, el Moisés que se arroga el papel de guía se apoya en su hermano mayor, que es mano derecha, ojos y hasta lengua. Aarón acompañaba a Moisés en sus parlamentos con el faraón, lo siguió en su viaje desierto a través, cruzó con él el mar muerto y oficiaba los holocaustos. Aarón acompañó a su hermano en el momento de su muerte, ya a las puertas de la tierra prometida, que tampoco alcanzó en castigo por la afrenta de Moisés a Jehová. Aarón quería a Moisés, lo respetaba, lo ayudaba, era celoso de sus mandatos, tenía fe en él y por él se sacrificaba. Me pregunto quién logró que su pueblo llegara a la tierra de promisión. Seguramente sin Aarón, Moisés no habría sido capaz, y seguramente él lo sabía. Yo querría tener un hermano así.

Cuando me tocó estudiar la historia del arte me llamó la atención de nuevo el personaje de Moisés, al que Miguel Ángel había representado en cálido mármol. Me gusta pensar que el artista, neurótico hasta el cansancio, sintió lo mismo que yo al estudiarlo. Su escultura sugiere trémolos graves, olores cálidos, una voz dura, un tacto suave, fuerza y seguridad. Moisés fue príncipe de Egipto llegado en un canasto río abajo, pero vivió la niñez alejado de sus padres y de su hermano. ¿Quién era su padre: el esclavo judío que lo echó al río o el faraón que finalmente quiso acabar con él? ¿Fue Moisés quién envió las siete plagas o fue el faraón el que mereció padecerlas? ¿Se ganó su padre de sangre la remisión de su esclavitud? Aarón supo librarse de sus grilletes, comprendió cuánto lo necesitaba su hermano y se ofreció a él.

Amén.

The Wicked Boy Ballet Co. American vampire.

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Archivado en: sueños

One Response

  1. Luckitas dice:

    Mmmmm… si despues de este post… no pudiste llorar… realmente no te entiendo… jeeeeeee… chauuuuuuu…!!! besos bombon…!!! ;)

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