Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[286] Ramas.


En una de aquellas desapariciones suyas que me dejaban desvencijado, Aleph me regaló dos tortugas, con su acuario y todo, para que paliaran mi soledad. Maldita la gracia que me hizo el regalo, lo que yo quería era que no se marchara él, pero eso era querer vaciar el mar con una concha de venera, como el angelillo de la visión de Agustín de Hipona. Las metí en su jaula de cristal, les daba de comer cuando me acordaba y las puse a tomar el sol. A pesar de todo crecieron hasta no caber en mi mano. Son los seres más tontos que he conocido, incapaces de seguir hasta la comida un camino que se aparte de la linea recta, aunque eso las lleve a caer en el agua y a volver a intentarlo una y otra vez. Digamos que consiguen comer por testarudas, no por listas. Taxi se entretiene intentando pescarlas, disuadido sólo por el agua que moja sus manos sonrosadas cada vez que les echa el guante, y por algún que otro chapuzón que hace de mi sala un pantano.

Mis tortugas siempre me han importado bien poco, me imagino que por lo que significó su llegada a mi casa. Ni siquiera les he puesto nombre, ya tienen tres años y siguen anónimas y expósitas, como un huérfano. Hace un par de días, mientras les daba su ración diaria de camarones, caí en la cuenta de que yo siempre he sido un poco tortuga, no por lo bobo, sino por lo anónimo. También por el caparazón de camuflaje, pero ese es otro cantar. Mi nombre es el que tuvo que ser, porque mi padre no tuvo el valor o la ocurrencia de romper con la tradición que desde el siglo XIV ha venido esclavizando al primer hijo varón de cada generación de mi familia. Mi documentación luce un nombre de antaño junto a un apellido que hay que deletrear para hacerlo comprensible. Pero mi anonimato nace de haberme criado siendo nadie para todos, porque en mi cuna a nadie le importaba nada de sus retoños, hasta hoy. Como hago yo con mis tortugas, me metieron en una urna, me dieron de comer, de vestir y de estudiar porque había que hacerlo, no porque mis familia fuese amorosa y socorredora. Gracias a ellos mi psicoanalista podrá pagar a sus hijos un master en alguna universidad privada a costa de mis caudales.

Ayer me reuní tierra adentro con una veintena larga de personas, casi todas mujeres, y sus cativos correspondientes, también personas, pero más pequeñas. Curiosa palabra ésta de cativo, pues no tiene mucho que ver con su significado original, que es el de cautivo: nam et ille captus est, qui captivum tenebat primum hominem (Lm. 1, 12). Me voy por las ramas. Venticinco bocas comiendo lo que alimentaría a ciento, como se come en las aldeas, dieron para charlar con unos cuantos que me explicaban de qué país vinieron sus niños, cuánto tiempo se demoró el trámite y cómo de dura es la evaluación a la que hay que someterse. Non podemos xogar, que chove, decía un rapazuelo como la brea llegado hace meses del Cuerno de África, con una sonrisa que, en la oscuridad del apagón que nos tocó aguantar, me recordó la de aquel gato de Alicia en el País de las Maravillas que se le aparecía empezando siempre por la sonrisa de feliz cumpleaños.

Camino de mi guarida, la luvia me acompañaba fuera del Panda. Dentro también, pero de agua salada. Nunca he bregado con críos, en mi mundo no los hay. Los pocos cativos que hay en mi familia viven más allá del meridiano de Greenwich, ni los he visto nacer ni me verán morir, y hasta hoy ninguno de mis amigos se ha decidido a parir ni nada que se le parezca, de manera que no sé lo que es un pañal ni un potito. Verme en aquel rebumbio de caras de colorines me ha hecho darme cuenta de bastantes cosas, pero por la vía de las emociones, que es la que duele y la que cura. Lo que pica, sana, dice mi padre con razón. Sé que mis ganas de tener una familia que merezca su nombre viene de la esperanza de poder escribir en mi diario por fin una página sin tachaduras. Lo que no sé es si eso es bueno para alguien, o malo para nadie.

Cuando tengo delante a un animal algo vibra al unísono entre nosotros. Incluso los más ariscos se me hacen dóciles y amigables, pero sospecho que es porque yo también lo soy con ellos. Con los niños me pasa algo por el estilo. Me miran fijamente y me entiendo con ellos, les llamo la atención tanto como ellos a mí, nos entendemos bien, les hablo en voz baja y grave, como a cualquier adulto, y todo va como la seda. Necesito hacer que todo sea seda. Supongo que necesito echar ramas, me ha llegado el tiempo.

La decisión está tomada.

Liliana Herrero & Teresa Parodi. Cosechero. Ramón Ayala.

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Archivado en: ilusión, sueños

5 Responses

  1. Miní dice:

    Cuando estoy contigo, y te escucho, con esa voz grave que tú mismo mencionas, siento que todo va como la seda. Ya es mucho…
    Besitos y gracias.

  2. Adelasuma dice:

    Veré a tus niños creciendo con los míos

    Yo debo esperar aun un poco, hasta que se me pase la amargura del alma y deje de sentirme una mierda

    Si te pasas por el blog de Karlief verás que piensa que lo utilizo
    Me ha partido el alma
    Lo que quedaba de ella
    Me gustaría pensar que es la rabia hacia J y hacia D, y todas las demás, la que le hace decir esas cosas, pero ya no lo tengo claro
    Puede ser que realmente crea que soy despreciable
    Si realmente así lo piensa, espero que me deje tranquila y no vuelva a cruzarse en mi camino
    Puedo soportar que pinche porque está dolido y amargado
    Pero ya no estoy dispuesta a permitir que me utilice como cubo de la basura

    Me duele todo y me encuentro mal
    Todo regresa, estos treinta y cinco años
    Mañana tenemos reunión y no sé cómo voy a ir
    No soy capaz de dormir
    Vaya mierda

    Serás un buen padre

    Y yo una buena madre, cuando todo pase

  3. Dardo dice:

    Vamos carajo!
    A pregonar la voz de Liliana Herrero!!!

    (¿tus tortugas comen camarones?
    ¿sos consciente de que tus tortugas comen mejor que la vieja más cheta y platuda de acá?)

  4. Manute dice:

    Que paasa señoritooooo,vuelvo a tener el ordenador a punto y eso conlleva tener acceso a la red de redes y pescar blogs como estos…

    A echar ramas… no se el significado pero a mi me suena bien..

    Abrazos muy grandes, Sísifo, este finde te llamamos la lupi y yo para tomar un te…

    Chis pum

  5. Paperboat dice:

    No creo que seas anónimo, sólo que hay determinadas personas que llaman la atención de seres selectos. No todo el mundo es capaz de apeciar según qué cualidades.

    Mucha suerte en hacer que todo sea seda, puesto que veo que voluntad no te falta.

    Un beso.

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