Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[275] Jorge.


jorge

Uno de los recuerdos más antiguos que conservo es el de un amiguiño de infancia con el que coincidía cuando bajaba con mi hermana a jugar a la plaza de Azcárraga, en la Ciudad Alta coruñesa.

Bajo aquella cúpula verde, transparente y vellosa de los plátanos de ramas genealógicas y jorobadas, ideábamos formas de convertir papeleras en trampolines, piedras en coches, hierbas en comida y hojas de magnolio en platos. No recuerdo por allí a mi madre, aunque ella asegura que estaba siempre con nosotros, alternando con las repipis venidas a menos y haciéndose la ilusión de ser una de ellas. Tampoco a mi abuela y mis tías, que vivían apenas a dos calles, en el caserón de la familia, oscuro y soleado, desde el que se veían los estorninos volar en bandadas a la puesta del sol. Esa casa era escenario de tardes, de meriendas con té y de arriar de bandera en Capitanía, pero la plaza de Azcárraga, en cambio, era patio de juegos de las mañanas.

Mi amiguito se llamaba Jorge. No lo reconocería ahora si lo viera, pero tampoco podría haberlo hecho hace veinte años. Hace tiempo que no conservo de él una imagen ni un sonido ni un olor. Me parecía bueno y cariñoso, y tengo la vaga idea de que era rubio, más bien trigueño, delgado y de pelo corto arremolinado en el colodrillo. Su nombre me gustaba porque era sonoro y porque tenía el sabor de su bondad, que lo distinguía de los demás niños, más bien brutotes y vocingleros. En mi universo poblado de hembras, Jorge se parecía a mí, nunca una voz más alta que otra, nunca agresivo, nunca huraño, nunca distante.

La memoria nos engaña a menudo y puede que gran parte de este recuerdo se haya construido a sí mismo, y es seguro que él me ha construido a mí. Pero algo de real debió de tener cuando ese nombre, el de Jorge, es el que dí cuando mis padres me preguntaron cómo me gustaría que se llamara mi hermanito, nacido un par de años después. Finalmente acordaron bautizarle de otro modo, escapando de la interminable sucesión de jotas que inician los nombres de pila de todo el clan. Esa desatención me provocó un ataque de llanto -lo recuerdo como si hoy fuese- que mis padres no entendieron, porque ignoraban el significado que tenía para mí el nombre de aquel Jorge de mi remota infancia, mi amigo, mi abrigo y mi recuerdo.

firma sis

Legião Urbana. Tempo perdido. Renato Russo.

Todos os dias quando acordo
Não tenho mais
O tempo que passou
Mas tenho muito tempo
Temos todo o tempo do mundo…

Todos os dias
Antes de dormir
Lembro e esqueço
Como foi o dia
Sempre em frente
Não temos tempo a perder…

Nosso suor sagrado
É bem mais belo
Que esse sangue amargo
E tão sério
E Selvagem! Selvagem!
Selvagem!…

Veja o sol
Dessa manhã tão cinza
A tempestade que chega
É da cor dos teus olhos
Castanhos…

Então me abraça forte
E diz mais uma vez
Que já estamos
Distantes de tudo
Temos nosso próprio tempo
Temos nosso próprio tempo
Temos nosso próprio tempo…

Não tenho medo do escuro
Mas deixe as luzes
Acesas agora
O que foi escondido
É o que se escondeu
E o que foi prometido
Ninguém prometeu
Nem foi tempo perdido
Somos tão jovens…

Tão Jovens! Tão Jovens!…

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Archivado en: memoria

2 Responses

  1. Adelasuma dice:

    jorge para un sueño

  2. Miní dice:

    “Decir amigo…” Joan Manuel Serrat. Imagino que la conoces. Un bico

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