Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[244] Bucle.


bucle

Los últimos siete días he vivido sin vivir en mí, por estar separado de Aleph durante cuatro días -él estaba en Madrid- y luego durante otros cuatro -yo no era capaz de hablarle- hasta ayer. Yo acudí a una actuación suya y nos vimos a la salida.

No puedo reproducir nuestra conversación, tampoco merece la pena. Lo bueno que salió de ella es la consciencia de que algo no funciona bien. Los dos nos dimos cuenta de ello al mismo tiempo, cada uno por su vía. Sin saber verlo, Aleph y yo habíamos vuelto a crear entre nosotros una relación de pareja (de extraña dependencia, según su parecer) en los pocos meses que han pasado desde que hemos vuelto a tratarnos. A nuestro alrededor las buenas y las malas lenguas comentaban nuestra reconciliación por boca de ganso, sin saber de la misa la media, mientras nosotros nos repetíamos una y mil veces lo bonito que era ver cómo estábamos siendo capaces de construir la amistad que nunca tuvimos. Él casi no tiene a nadie más que a mí, y yo sí por los pelos. Además nadie me comprende mejor que él, y a él nadie como yo. La dependencia se tejió casi sola.

Aleph y yo nos conocimos hace siete años y un día en un bar de la calle de la Franja. Cuando nuestros ojos se prendieron no pudieron despegarse ya. Luego vinieron cuatro años que vivimos juntos, seis meses que no, dos años que sí, y llegamos al pasado abril. A estas alturas la cosa ya tenía una estructura demasiado cíclica para que fuera fácil cerrar un nuevo bucle sin darse cuenta. Salvo ahora, siempre había sido Aleph quién tomara la decisión de matar nuestra relación, y ello le había valido no pocas antipatías y juicios adversos (siendo yo el afectado no lo juzgo, no sé quién tiene el derecho de hacerlo por mí, pero de todo he tenido que oir). Lo único que necesité decirle ayer es que no podemos seguir viéndonos. Y ello no es así por falta de ganas, que de sobra tengo, sino porque me hace mal tenerlo cerca. Creí que me sería más difícil hacérselo entender, pero para mi sorpresa él había llegado a conclusión parecida con un par de días de antelación. Estuvimos de acuerdo en no vernos al menos mientras nuestra psicóloga dé nuestras terapias por finalizadas, y en llamarnos sólo de vez en cuando para saber que estamos bien.

Creo que, para mí, este noviazgo encubierto con Aleph, me ha servido para no enfrentarme con mi neurosis, con el recuerdo de lo que la originó y con el fantasma aún insepulto de mi abuelo, suplido todo ello por una persona amada y amante que, al amarme, me hace daño y, al hacerme daño, me ama. El amar y el herir se convierten en arma para la otra persona y en atadura para mí, pero en lo simétrico también. Yo no quiero eso para nadie ni de nadie y he dado un paso para terminar con ello.

Continuamos caminando camino de casa. Él llevaba su violín a su espalda, yo su guitarra en la mano. Me di cuenta de que acababa de actuar movido por la fatalidad más que por la voluntad, había hecho lo que no podía no hacer, que era tanto como no hacer nada. Pero el hacerlo tenía un significado muy pesado: el ideal que había representado Aleph para mí se reveló sólo eso, una idea que no era capaz de ilusionar ya a mi corazón correoso, ni sombra de aquel que fue. “Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba, pero yo ya no soy yo ni mi casa es ya mi casa“. Lo último que quedaba de ese mocito lo llevaba yo ayer cogido de mi mano izquierda, guante por medio. Y si bien es cierto cuánto nos queremos, también me he dado cuenta de otra cosa: he querido a todo quién me ha prestado atención, hasta el punto de que no sé distinguir desamor de abandono. En uno de mis primeros post recuerdo haberme declarado incapaz de decir qué era para mí el amor. Casi un año más tarde me encuentro en el mismo lugar. Me sentí muy viejo bajo ese tropel de sensaciones que me llenaban las sienes canas bajo el rocío de la noche. Aleph me recordó la coincidencia durante nuestra caminata nocturna: un 20 de enero nos conocimos y un 20 de enero nos despedimos. “Feliz aniversario“, me dijo. Rompí a llorar y empapé de desesperación el hombro de su violín, de pie los dos en la calle. Cuando conseguí recomponerme fue él quién se desbordó mientras yo acariciaba su suave mejilla de tres días. La guitarra esperaba sobre la acera, fielmente a mi derecha. Cuando fuimos capaces de mirarnos a los ojos, ya de nuevo en marcha, volvieron a aflorar las lágrimas, más breves ya pero no más dulces.

Volví para casa con un alivio salado sobre el pecho, y en los bolsillos la promesa de recibir en préstamo la cítara que un día le regalé y en la que pondré a prueba mis habilidades. Sísifo y Aleph han caminado juntos y perfuman sus cabellos con las flores halladas en los bordes polvorientos del camino. Hoy caminan ya por senderos diferentes, deben descubrir por sí mismos que son capaces de hacerlo.

firma sis

Mandakh Nar, National dance and song ensemble. Mongolia.

Anuncios

Archivado en: dolor, voluntad

5 Responses

  1. Karlief dice:

    Lo has dicho todo. Sabes que me tienes para lo que necesites.

  2. Paperboat dice:

    Y lo descubrirán, que no te quepa la menor duda.

    La vida nos lleva y nos trae y estoy seguro de que toda esta historia te ha ayudado a descubrir muchas partes de ti mismo. El mero hecho de haber escrito como lo has hecho es un claro indicativo de que así es.

    Un beso grande, ánimo y paciencia, con el mundo y contigo mismo.

  3. jag dice:

    precioso texto, me recuerda a esa canción de ana belén, “desde mi libertad” cuando dice, “nunca me enseñaron a volar, pero el vuelo debo alzar…” , quién sabe si el azar o el destino entrecruza de nuevo esos senderos, lo bueno es que nunca se sabe lo que la vida nos deparará.

  4. adelasuma dice:

    He dudado mucho en escribirte esto. Pero mis mocos me han retenido en casa y no pude verte hoy.

    Karlief tiene razón, lo has dicho todo, y a mí también me tienes para lo que necesites, lo sabes.

    Hay días en los que he pensado que todo esto – lo tuyo, lo mío – era una ruina, escombros. Ahora me doy cuenta que son el encachado de la mejor cimentación que haya parido este desgraciado gremio de vagos y maleantes al que nos dedicamos.

    Sé que sientes el dolor tranquilo del que, tras mirar hacia atrás con cierta nostalgia, gira la cabeza para emprender de nuevo el camino. Habrá días oscuros y días con luz, pero serán siempre días libres de los lastres que nos atenazan. Cada vez queda menos chatarra pegada al casco. Por fin se acaba el cabotaje.

    Un beso, ya sabes que te quiero.

    “A veces comprendemos algo
    entre la noche y la noche.
    Nos vemos de pronto parados debajo de una torre
    tan fina como el signo del adiós
    y nos pesa sobre todo desconocer si lo que no sabemos
    es adónde ir o adónde regresar.
    Nos duele la forma más íntima del tiempo:
    el secreto de no amar lo que amamos.

    Una oscura prisa,
    un contagio de ala
    nos alumbra una ausencia desmedidamente nuestra.
    Comprendemos entonces
    que hay sitios sin luz, ni oscuridad, ni meditaciones,
    espacios libres
    donde podríamos no estar ausentes.”

    Roberto Juarroz

  5. Manu dice:

    Me has hecho llorar.
    Un fuerte abrazo.
    Pd: Gracias pr la canción. A veces no hacen falta palabras…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Posts más leídos

A %d blogueros les gusta esto: