Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[240] Marejada.


Cuando hoy me levanté no tenía ganas de levantarme. O debería decir que tenía ganas de no levantarme. De no levantarme nunca más. Conservaba de ayer noche la sensación de tener una mano apretándome la garganta, impidiéndome respirar, amenazando con partirme la nuez y divirtiéndose con mi miedo a oír el chasquido del cartílago y el zumbido de la sangre en mis oídos.

Antes de salir de debajo del edredón llovía repiqueteando en mis cristales, tanto que hasta la marejada se allanaba. Taxi me mordía la mano y luego me acariciaba el pecho con el hocico, mi piel lisa, plana y lampiña contra su pelusilla blanca y algodonosa.

Me he dado cuenta hoy de que algo está cambiando, por decirlo así, que no sé si hay otro modo de decirlo, pero bastante hago con valerme con mis pobres herramientas de expresión escrita, yo que sé componer sonetos en metro italiano y tejer todas las muecas, ayes y lamentos que me salen del occipucio.

Ésta es la cuestión: estoy viéndome capaz de decir que no. Me refiero a las relaciones con otras personas, sobre todo, que algunas de ellas a veces resultan nocivas en una o varias de sus facetas. Soy de la opinión de que lo que lleva a uno a someterse es, principalmente, el miedo: a ser rechazado, a no ser querido, a verse solo, a no ser capaz, a ser capaz, a de todo y a cualquier cosa. Si estoy en lo cierto mis miedos empiezan a disolverse en mis lágrimas. No sin tiempo. Que vayan con dios. O con el demonio.

Y así empiezo a ver que quedan flotando en la estela de mi nave trocitos de mi barco sin los cuales me veía incapaz de navegar y me sorprendo al ver que el barco sigue flotando y no hace agua. Si acaso el agua salada de mis ojos, que se seca con el dorso de la mano y deja sobre las mejillas una tersura como de pomada de romero y un olor casi de santidad.

Aunque no soy un iluminado, tengo mejores mañas que la mayoría para comprender qué ocurre en los corazones ajenos. Mejor que nadie me hago cargo de lo que significa tener un mal día o verse afectado por relaciones o situaciones emocionalmente cargantes. Pero cuando las tensiones de quién tengo enfrente se vuelven actitudes agresivas o hirientes es que hemos dado un salto al hiperespacio que no me da la gana de dar. Entonces me pregunto por qué no lo mando a tomar polo, como diría nuestro malogrado Iago -dios lo haya en su gloria- y sobre todo, por qué no lo he hecho antes, mucho antes.

Cuando veo alejarse los trocitos de mi barco, emprendiendo su propia ruta, me pregunto qué hay en ese barco que sea realmente imprescindible para no irse a pique. Aún no conozco la respuesta, pero no dudo que llegará a mí. Todo lo que no es bueno para mí se está desprendiendo y dejando lugar para otras cosas, las que yo quiera.

firma sis

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