Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[228] Amarras.


amarras

Espero que Jueves no lea este post, porque no le va a gustar y probablemente no entienda nada de nada.

Me he visto con veinte años en las fotos hechas hace muchos veranos en la campiña periurbana donde mis bienamados y nunca bien ponderados padres poseen una casa en la que suelen encerrarse cada verano, y con ellos, en tiempos, a sus animales, fueran estos perros o hijos. Veo en esas fotos dos ojos tristes en mi rostro inanimado y, bajo ropa siempre demasiado grande para mi escasa talla, un cuerpo que se negaba a crecer si no era en altura. Y claro, me pone triste ver esas fotos.

Me acuerdo de aquel señor de familia de alcurnia, el cual, viendo en su vejez su retrato de mozo galán lleno de chorreras y galones, se decía incapaz de dejar a sus descendientes pruebas fotográficas del declive que los años le impusieron. Yo haría lo mismo con mis retratos de zagal. ¿Qué pensará de mí quién me vea de aquí a unos lustros, sobre papel brillante, con esas greñas acaracoladas tapando mi frente, con esas pestañas largas como de niña sobre los ojos catalécticos, con esos labios fruncidos dibujados casi a pincel? Mi neurosis me hizo un joven inmaduro y deforme, ahora lo veo, y no me explico cómo nadie lo vio entonces. No me seduce la idea de reposar de esta guisa, desnudo, sobre mi sepulcro. Creo que yo sí entraré a fuego en mi archivo antes de irme.

Por eso me maravilla tanto conocer a rorros que tienen la edad que yo entonces. Sin esforzarse, a través de sus bocas entiendo de qué está compuesta su cabeza: son mil veces más maduros, tienen mil veces más energía, son mil veces más humanos, están mil veces más evolucionados que yo entonces. Sigo preguntándome: ¿es eso posible? ¿no estoy viendo visiones?

La Ilustración alcanzó el gran logro de comenzar a desterrar el pensamiento idólatra de la cabeza del ser humano para sustituirlo por la racionalidad de la duda metódica. Aunque inconcluso, fue el milagro de la tenacidad de un puñado de iluminados, y a ellos debemos el mundo tecnológicamente avanzado en el que vivimos algunos. Ahora bien, el error vino después: se despreció la vertiente emocional del ser humano por la simple vía de negar su existencia. Éste será el siguiente gran logro, fundar el homo emotionalis. Por fin podremos alcanzar lo que desde Delfos se nos indicaba como llave para alcanzar la vida: Γνωθι Σεαυτόν, conócete a tí mismo.

Es conocida mi capacidad de divagar, no se asuste el lector y discúlpeme.

Hablaba de cierto grupo de veinteañeros, casi post-adolescentes, que he conocido a través de Aleph, actual centro de mis días y báculo de mis cojeras. No me atrevo a explayarme a gusto porque sé que alguno de ellos visita este blog (hola, amiguiño), así que hablaré velado: estando con este hermoso grupo siento crecer mis energías, porque parece que el mundo me está diciendo “todo va a mejorar, nada va a ser como antes” y a veces hasta me visitan lágrimas que me obligan a alejarme simulando ocuparme en tareas que aparten cualquier atención de mí. Todos ellos tienen cosas que pulir de sus corazones, pero ya se sabe que la madera verde tiene más nudos. Aún así hay una diferencia entre ellos y quién yo fui con su edad: quieren ser dueños de sus vidas y sacan fuerzas de flaqueza, y además saben lo que quieren, que no es cosa fácil. También es cierto que en ciertos momentos este sentimiento de identificación me hace perder el norte: me centro con frecuencia en incitar a Jueves a prestar atención a ciertas amarras que lo maniatan y que él ni ve ni tiene intención de esforzarse en desatar. Su cuerpo le deja notas de aviso: ansiedad, dolores, malestares de diversa índole. Él las ignora. Yo nada puedo hacer entonces.

Es obvio para mí que estoy intentando resolver mis propios problemas en la persona de Jueves, que a todos nos trae preocupados porque lo apreciamos, hermoso y adorable como es, aunque también retorcido. Mejor haría en resolverlos en mí antes que en otros. Será que a veces se me hacen demasiado cuesta arriba o que me los oculto bajo un manto de olvido que sólo puedo perforar en mis sueños. Invoco a Mr. Sandman cada noche cuando me entierro bajo mi edredón, con Taxi hecho un ovillo sobre mis pies. ¿Cuándo veré al Viejo de los Alpes? ¿Cuándo acabaré de desenterrar recuerdos? Algún día. El que emprende camino acaba por llegar, pero a veces la espera es fatigosa.

Yma Sumac. Pachamama.

Archivado en: ilusión

3 Responses

  1. Thiago dice:

    No paro de escuchar que no cambio, mi mirada es siempre la misma y “estás igual”, pero… ¿Lo estoy? ¿Es posible?

    Ya no soy el mismo, y si la gente no comprende eso, no entendieron nada, perdón, me llamaste a la reflexión.

  2. pe-jota dice:

    A medida que pasan los años, y pasan más rápido de lo que quisiéramos, tenemos tendencia a buscar reflejos de quienes fuimos en las nuevas generaciones, y volcar en ellos nuestros deseos de pasados incompletos, pero ellos han de buscar su propio camino, y ese camino sólo se consigue equivocandose y cometiendo errores, e igual que nosotros ellos han de acumular esa experiencia, sólo con los años se recuerda, al igual que nosotros, las viejas enseñanzas y los antiguos báculos que en su momento no supimos o no quisimos usar.

  3. ariadna dice:

    a ver si te centras…

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