Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[221] Castaña.


castaña

Éste se presenta como el tradicional post-castaña, que no es capaz de leerlo hasta el final ni quien lo escribe.

Es un sueño. Otro sueño. Largo como un día sin pan y enrevesado. Renuncio a interpretarlo aquí. Ya bastantes vueltas le he dado al tema, que casi me obsesiona. Quien entienda de eso, que nos dé su versión en la sección de comentarios, abajo de todo a la izquierda, gracias. Quien no, coja ideas para un guión de película surrealista o para un trabajo de fin de curso sobre las neurosis obsesivas.

El sueño es éste:

Yo era médico. Estaba a lomos de mi mula en una encrucijada de caminos en un lugar que puedo identificar más o menos, no lejos de donde comenzó el último sueño que conté aquí. Llovía a mares. Llevaba un capote marrón que me protegía del agua. Esperaba a tres hombres que llegaron en una carreta. Uno de ellos era igualito a Anthony Hopkins. El que venía tras él era bastante mal encarado. El que conducía, bastante afable. Dejaba mi mula al borde del camino y subía a la carreta. Me llevaban por un camino lleno de baches hasta un pueblo habitado por Shakers. Aviones enemigos habían bombardeado el pueblo con pequeñas piezas, como de Lego, hechas de mortero de cemento (muy arquitectónico todo) que contenían un virus mortífero. Varias personas habían muerto a causa de esto. Yo observaba, junto a los notables del pueblo, las piezas de cemento distribuidas sobre la colcha de una cama, alineadas en retícula ortogonal regular.

Aquí hay un vacío en mi memoria.

Para vengar las muertes decidíamos ir a la guerra. Un numeroso grupo de hombres rudos y fuertes, entre ellos yo (nada más lejos de la realidad), vociferábamos y enseñábamos el trasero al enemigo vestidos como escoceses y espada en mano. Esperábamos el momento de atacar en lo alto de un cerro, de noche. Me recordó una escena de Braveheart. Junto a mí había una mujer, que lo mismo podría ser mi madre que Adelasuma, no lo recuerdo. Se me ocurría que era buena idea orinar antes de que comenzase la batalla, que duraría lo suyo, y la mujer se mostraba de acuerdo. Buscaba el baño, que resultaba ser una cabina portátil de plástico, de las que se usan en eventos al aire libre. Lógico. A la puerta había una larga cola de guerreros escoceses, con su espada y todo, esperando turno. No queríamos guardar cola, así que nos adentrábamos a hacer aguas en un tupido bosque que había un poco más allá, y una vez finalizados nuestros menesteres decidíamos largarnos de allí. Esa guerra no iba con nosotros.

Aquí hay otra laguna.

Esa mujer indeterminada y yo subíamos la ladera de un monte hacia un lugar donde había una fuente. Era cerca de la aldea de un chico que era amigo mío cuando éramos adolescentes y del que hace mucho que no sé nada. Aunque, realmente, el aspecto era el de otra aldea donde una conocida mía, de profesión aristócrata decadente, posee un precioso pazo a punto de ruína cuyo proyecto de rehabilitación intenté que me encargara, sin éxito. Yo hablaba con una mujer que bajaba desde la fuente y le explicaba que hacía tiempo había localizado en un mapa una sucesión de caminos de carro que me permitirían llegar desde allí hasta La Coruña en bicicleta sin necesidad de pedalear, porque todo el recorrido era en cuesta abajo, aunque peligroso por lo abrupto del piso. Me subía en mi bici y, frenando y a modiño, llegaba a la cuidad en un santiamén.

Me veía circulando por un barrio desconocido. No había tráfico, todos los espacios públicos eran una serie de pequeñas plazas a diferentes niveles comunicadas por escaleras por las que yo bajaba subido en mi bici. Sólo veía tapias, no edificios, y tras esas tapias no sabía si había jardines o terrenos yermos. Veía a una pareja de lesbianas caminando por una bocacalle. cogidas del brazo, y me desviaba de mi camino para adelantarlas. Al llegar a otra plaza me detenía para que pasasen a mi lado en su caminar. Me rebasaban y yo seguía camino sobre el cesped de la plaza, sin darme cuenta de que había un terraplén, por el cual me precipitaba. Caía sin hacerme daño sobre el terreno blando y pantanoso. Sentados sobre unos peldaños, en un costado de la plaza, había una pandilla de mozuelos y mozuelas que, para mi sorpresa, no reparaban en mi caída.

En ese lugar, que identifico como la calle Zalaeta, al lado de mi antiguo instituto, había una charca. A su borde veía un gazapito esconderse de mí. Dentro del agua había media docena de gazapos y un par de conejos adultos que enseñaban a sus crías a cazar peces. Se habían adaptado a la vida bajo el agua para sobrevivir en la ciudad. Los gazapos eran extraños: tenían forma de conejos adultos, pero de tamaño diminuto. Para poder alcanzar la calle necesitaba atravesar con la bici una tienda de El Corte Inglés muy pequeña. De paso, robaba un paquete de caramelos. El vigilante, igualito al jefe de seguridad que había en Carrefour cuando trabajé allí hace tiempo, se daba cuenta y se acercaba amenazador, pero me dejaba ir.

Salía a la calle y alcanzaba una plaza que creo haber visto en Granada cuando Aleph y yo fuimos al casamiento de su hermano. Me sentaba en una terraza a beber algo. No recuerdo por qué, me ausentaba un momento. En la mesa de al lado había una pareja de chico y chica colombianos. Al volver, la colombiana me advertía de que alguien se había llevado mi bici con toda mi impedimenta en la cesta trasera y se había ido por la calle Orense. Yo me preguntaba por qué no lo había impedido. Salía corriendo en la dirección que me indicaba, intentando recordar por dónde quedaba esa calle, que no existe en realidad. Cuando daba la bici por perdida me encontraba en Riego de Agua, delante del teatro Rosalía de Castro, en un teléfono público desque el que esperaba poder llamar a la policía sin monedas. La operadora me hablaba en francés. Yo pulsaba un botón que servía para cambiar de idioma, pero entonces me hablaba en alemán. Volvía a pulsarlo y otra vez francés. Yo me resistía a desempolvar mi francés, demasiado oxidado. Entonces me daba cuenta de que aquella cabina era enorme y a través de una ventana veía a un chico y una chica adolescentes, con cara de pereza, que eran los operadores. Ota vez me hablaban en francés y no conseguía cambiar el idioma.

Entonces me desperté.

Mientras desayunaba anoté el sueño en mi cuaderno. Tuve que levantarme para comprobar que mi bici seguía donde yo la había dejado la noche anterior.

firma sis

Smashing Pumpkins. Disarm.

Disarm you with a smile
And cut you like you want me to
Cut that little child
Inside of me and such a part of you
Ooh, the years burn

I used to be a little boy
So old in my shoes
And what I choose is my choice
Whats a boy supposed to do?
The killer in me is the killer in you
My love
I send this smile over to you

Disarm you with a smile
And leave you like they left me here
To wither in denial
The bitterness of one whos left alone
Ooh, the years burn
Ooh, the years burn, burn, burn

I used to be a little boy
So old in my shoes
And what I choose is my voice
Whats a boy supposed to do?
The killer in me is the killer in you
My love
I send this smile over to you

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Archivado en: sueños

6 Responses

  1. Egeo dice:

    Hola, felicidades por el blog. Te pongo en mi lista de favoritos. Besos

  2. hairblue dice:

    Un sueño peculiar y después una canción de los smashing… Alguien debe volver a la medicación.

  3. ariadna dice:

    Me gustó tu sueño. Yo también he tenido uno del que acordarme. Mi padre había muerto. Me desperté varias veces y tuve que resituarme todas ellas para resolver que no había sucedido tal. Lo más extraño es que me volvía a dormir y volvía a soñar lo mismo. Finalmente aparecía mi padre y me acompañaba a un especie de mirador en la costa, de lineas suaves y minimalistas. Tenía unas gradas suspendidas en uno de los muros y él me conducía a la más alta a la que debíamos acceder trepando por cada una de ellas. Subimos y nos sentamos a mirar el cielo estrellado y el mar.

  4. Currito dice:

    Madre mía… No dejes nunca que te birlen la bici… Un beso.

  5. Luckitas dice:

    Ese Egeo q copion…!!! a Sisifo yo lo descubri primeroooooo…!!! no se como pero aca aterrice un dia… ah si ya me acuerdo… pero no lo pienso decir… leru leru leru leru…

    Volviendo a tus sueños… vos conoces la pagina de Gazzpatxo (nunca se como se escribe si no lo copio con tantas ‘z’ q se puso y encima una ‘x’… no se pudo haber puesto ‘gazpacho’ y listo…??? grrrr…!!!) bueno volviendo a Gazzpaxtito o como se escriba… xq no le decis q te haga un menu de comida livianita para la cena… xq esos sueños Sisifo es xq me parece q cargas demasiado el estomago x la noche…!!! jaaaaaaaa… chauuuuuuuuuuu…!!!

  6. DIego dice:

    por favor deja de soñar…jajajja
    no en serio curioso es desde luego…

    El espacio era más pequeño de lo q era…
    su pecho esa noche quedó en su sitio,
    cabeza acordeonada por sus propios limites
    tan cerca de la caída como de volar…
    ¿q pronto vienes? que pronto te vas…

    Del hombre más solitario del mundo
    aquel donde no importa q sean oidas,
    existe a su lado gran sombra
    q aunque no quiera,
    es vela y trampolín de sus noches
    mentidas…
    perdidas…

    Él era más pequeño de lo q era ella…
    pasa el tiempo llora sol-a, sol
    de día, miente noche acomplejada
    al cerrar los ojos en vez de disfrutarla,
    caída…
    ¿q tarde vienes? me he parao en el bar…

    De la mujer más sola de su mundo
    no importan para aquél sus palabras,
    existe a su lado gran sombra
    q aunque no pueda,
    es vela y guillotina de sus noches
    perdidas…
    mentiras…

    espero q te guste y q te pares a entenderlo claro
    =O)

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