Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[176] Madrina.


madrina

Angelita era la penúltima de ocho hermanos, de los cuales la más joven era mi abuela materna. Nació y se crió en una aldea de la provincia de Lugo a la que aún hoy no ha llegado la revolución industrial. Su madre, mujer de mano dura, consiguió casarse con un jornalero venido muy a más que se enriqueció con la trata de ganado y se hizo dueño de varias parroquias. La casa de Castelo, como eran conocidos, se hizo de temer por los desmanes de los hijos malcriados que fueron famosos por sus pendencias y dejaron la zona poblada de bastardos.

Angelita fue la madrina de mi madre, vínculo que se consideraba más fuerte que el del parentesco, y así fue como todos en la familia acabamos conociéndola por el nombre de Madrina.

Madrina se enamoró de Benjamín, chulo de aldea arrimado al Partido Socialista cuando la República se impuso. Su matrimonio se meció entre la comodidad que les daba el haber alcanzado Benjamín la alcaldía de Curtis y la satisfacción de regentar Madrina un pequeño negocio de mercería. Benjamín era un bala perdida que no llegaba a casa sobrio, no tenía con ella más que palabras agrias y buscaba continuamente la compañía de otras mujeres. La vocación maternal de Madrina se frustró cuando el único hijo que tuvieron, y al que la ceguera fanática de Benjamín obligó a bautizar como Vladimiro, murió de pulmonía en aquella Galicia aislada que no conocía los antibióticos.

El 18 de julio de 1936, queriendo contribuir a la causa republicana, Benjamín y sus correligionarios hicieron gleva y llenaron dos camiones de hombres armados con los que se dirigieron a La Coruña. Antes de llegar a Betanzos tuvieron que regresar y dispersarse por los montes cercanos para evitar ser atrapados por la Guardia Civil. Uno de ellos, apodado O Foucellas, alcanzaría la gloria del mito. Mi abuelo, militar, se jugó el tipo al conseguirle una documentación falsa y un salvoconducto con el que Benjamín pudo escapar a Málaga. Mientras tanto la Falange se adueñó de la casa y el negocio de Madrina, que se vio forzada a trasladarse a La Coruña y poner una pensión de la que comer.

Benjamín, en Málaga, consiguió alternar con la nueva élite. No sabemos muy bien cómo, el caso es que conoció al gobernador civil de entonces y acabó casándose con su hija bajo su nueva identidad. De vez en cuando se trasladaba a La Coruña con la excusa de negocios que lo requerían y pasaba un tiempo en vida marital con Madrina, feliz de tener con ella a su hombre que aliviaba su soledad. En una de esas recaló en Santiago en casa de mis abuelos, donde mi madre lo conoció. Según ella, un tipo zafio y oscuro. Finalmente tuvo que huir de Málaga por cierto desfalco que cometió y acabó con sus huesos en Brasil, donde volvió a casarse de nuevo. Murió a los ochenta años.

Madrina recibió la noticia de su muerte cuatro años más tarde a través de una amiga de juventud que, por una historia igual de rocambolesca, se asentó en Argentina con su hijo aún niño y sin su marido fusilado. El hijo merecerá un post aparte y todas las maldiciones que yo pueda pronunciar. Que Dios lo confunda. Cuando Madrina recibió la noticia, con sus ochenta y cuatro años, lloró inconsolable durante días. Conservaba la esperanza de recuperar un día al único hombre que quiso y sin el cual se vio sola y sin futuro. Recuerdo el día que, voz en grito, blasfemaba y se cagaba en el Generalísimo que le había robado a su gran amor, su Benjamín, su Benjamín…

firma sis

Los Tamara. A Santiago voy.

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Archivado en: memoria, voluntad

2 Responses

  1. gazzpatxo dice:

    Jo. Yo creo que no sería capaz de compartir un amor, la verdad, quizás me retirara antes, pero no se me ha dado el caso afortunadamente,
    mua muases

  2. alejandro dice:

    que bonita y que triste historia, muy gallega ella, la madrina, que bonito ese nombre, la madrina, la madrina de mi madre, tia de mi abuela, la cual como es buena meiga despotrica contra ella, es la persona con la que descubri el amor que quiero, su marido, muerto el pasado año, y ella, representan para mi lo que es el amor, que hermosos recuerdos, verlos, el con la cabeza ya mal, y ella con mucho cuidado con el, como se cuidaban, si, el tambien con la cabeza perdida cuidaba de ella, ya mayores vivian la mayor parte del tiempo en una aldea perdida en galicia, dos casas tiene la aldea, y alli no falta amor.
    estoy con gazz, yo no creo que pueda compartir amor, ni que lo compartan conmigo. soy monoamoroso : )
    un abrazo sisifo, y caricias para taxi

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