Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[161] Blas.


blas

Ayer fui a la perrera municipal a recoger un perro. Es un cachorro de unos cinco meses, cruce de boxer y cualquier otra cosa, grande, esbelto y a rayitas marrones y negras. Conserva sus orejas y su rabo y tiene todos los huesos demasiado al aire. Le he llamado Blas.

Blas usa la lengua profusamente y tiene mirada alegre y triste. Es saltarín pero tranquilo, sólo juega e intenta escaparse de entre las patas del viejo Dunis, bonachón que quiere dejar clara su dominancia y se deja robar la comida por el torbellino de su nuevo amigo. Llegamos a casa de mis padres en el Panda. Me acompañaba un amigo que conducía. Lo primero que vi al llegar fue la sonrisa de mi padre desbordándose sobre la puerta cancel, cruzando la calle y colándose por las rendijas del coche hasta acariciar al cachorro en los belfos, como si se tratara del gato aquel del País de las Maravillas, que se materializaba y se volatilizaba comenzando y terminando siempre por la sonrisa, que permanecía extática en el aire.

– Es más joven de lo que me dijiste.

– Ya, no tengo mucho ojo para echar la edad.

– Éntralo, a ver cómo se lleva con el otro.

Hubo que resolver problemas derivados de la corteza mental de mi madre, niña pequeña, que se oponía a recibir al perro en casa. No sé cómo empleó mi padre su mano izquierda, el caso es que cuando yo me la quité de encima se la llevó a un aparte y en dos frases la apaciguó.

Recordé el día que fuimos a buscar a Max. Fue igual que ayer. Papeles y vacunas y cosas así, y luego un paseo eterno en el coche. Era yo el que iba a su lado durante el viaje, poniendo orden y tranquilizando al animal, y era a mí a quien el perro lamió, babó y llenó de mocos. Desde ese momento no se apartó de mí ni a sol ni a sombra. Por eso me llevé ayer a un amigo que hiciera de chófer, porque quería volver a ser yo quien fuera pegado al can en tanto llegábamos a su casa: Blas entró al maletero expulsando cosas líquidas y lamiendo mis manos, mis brazos y mi cara, pero también las manchas de sangre que dejó Max muerto y que, como fantasma de Canterville, se empeñan en no sucumbir a ningún agente químico.

Sólo me resta hacerme con un collar de la talla del huesudo cuello de Blas y pasar horas de conversaciones con él.

firma sis

José Tojeiro. Droja en el Cola-Cao.

Archivado en: ilusión, sueños

4 Responses

  1. ariadna dice:

    ¡Albricias! ¡Albricias!
    Feliz encuentro de un nuevo miembro animal en tu vida.
    Un saludo, Blas, seguro que tendrás muy buenos momentos en tu nuevo hogar.
    Besos

  2. Flip dice:

    Me gustan mucho los canes, pero ya no tengo uno. Antes yo tenía un labrador que era mega simpático: salíamos a correr a la playa, lo sacaba a pasear y todo , pero estaba bien viejito y pasó a mejor vida :'(
    Espero que pases muy buenos momentoa con Blas (lindo nombre, por cierto).
    Cariños, Flip

  3. alejandro dice:

    que alegria me has dado, me has hecho recordar mucho. un abrazo, no duermas mucho, jejeje

  4. Teseo dice:

    Esq a mi el tema animal claramente me puede… El video es de coña no? el tío esq está muy serio.

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