Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[134] El Príncipe (VIII), epístola.


el principe VIII

Mi Señor, mi Príncipe, mi amado:

Te escribo estas líneas lleno de dolor mi corazón. Desde la altura de tu trono acaso te resulten insignificantes los affaires de tus súbditos, quizás los observes con curiosidad de niño, pero con su crueldad también. Te he conocido en tu corte rodeado de tu gloria, he apreciado tus modales y tus afeites y he agradecido las gracias con las que me honraste. Me halagaste, Príncipe, refiriéndote a mi superior capacidad, al éxito de mis escritos, al goce que te producen mis poemas. Incluso, en un aparte, llegaste a decirme que te sentías más pequeño que yo, que aspirabas a emularme. ¡Un príncipe, un monarca, me admira y me tiene devoción! Mis palabras tenían la capacidad de alterar tu ánimo, si eran halagüeñas te ponían de buen humor y de malo si eran críticas. Esa gran confidencia, Sire, socavó la reserva con la que un artesano debe tratar a su monarca.

Me dejaste ver por entre tus armiños un alma preciosa y llena de energía, pero también de necesidades. Oro puro era, o brillaba como tal. Ambicioso, pues siempre mi corazón ha sido pobre, quise tomarlo a manos llenas y te seguí a donde quisiste llevarme. Creo que sólo logré asustarte. ¿Es así, mi Príncipe, mi Señor, mi Amo? No sólo eso, no te viste capaz de bajar de tu trono y recoger mis besos en tu anillo. Sufrí, Sire, sufrí por ello. ¿Quién no se ha enamorado alguna vez? Sólo los desgraciados y los pobres de espíritu. ¿Eres uno de ellos, Príncipe? Dímelo, que yo ya no lo sé. Me debato entre tenerte devoción o conspirar para derrocarte. Si es cierto lo que sospecho, que jugaste conmigo y con mis cuitas cuando ya sabías qué respuesta darme, date por destronado, Príncipe. Confírmame que no eras consciente de mi padecimiento, y conservarás la cabeza.

La República, amigo y Señor, es el más sabio de los modos de gobierno, pues somete a los hombres a un ideal que aceptan como superior a ellos mismos. Vivimos en el reino de la apariencia, el despotismo y la manipulación de las masas. Cuando los hombres renuncian a construir un futuro mejor para enredarse en rencillas por la gloria y por la fama, los aristócratas no son mejores que verduleras ni los príncipes que estibadores. El oro puro de tu corazón, Sire, promete ser oropel barato, purpurina a brochazos. Me siento como un colegial.

Sigue leyendo mis escritos, que desde hoy serán sátira, porque yo disfrutaré los tuyos. Lo que se publica es del público, y público somos ambos. Pero mi puerta no la traspasarás ni entrarás en mi corazón doliente. No te respeto menos que antes y te deseo que consigas lo que deseas, pero dudo que consigas saber qué es lo que deseas.

Beso tus plantas

firma sis

Paco Ibáñez. Quisiera esta tarde. Alfonsina Storni.

Archivado en: vergüenza

One Response

  1. alejandro dice:

    ¿ciertamente te encuentras tan triste, tan engatusado por alguien que no se lo merece?, sabes de sobra que no hay nadie en este mundo por el que sentirse asi si no eres tu, y ese seguro que no te lo hara, bueno, si no quieres, me he perdido un poco, pero siento la mar en cerca de ti, y eso hay que disfrutarlo como se qeu lo vives, olvidate de lo principios que no te traen bien en esta vida, vale, disfruta de tu familia de tus amigos, no mires atras, hay muchos jovenes de veinte jejejejej. un abrazo con sonrisas..muchas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Posts más leídos

A %d blogueros les gusta esto: