Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[128] El Príncipe (IV), 02/07/07.


el principe IV

- No huyas, anguila.
– ¿Es eso un trato de cariño?
– No me malinterpretes, mi Príncipe.
– Te interpreto apenas.
– Eres un tesoro para mí, pero reclamas guerra.
– Pero me has humillado en público. Eso no es tratarme bien.
– ¿Te duelen mis insultos o que hayan sido públicos?
– No seas ironico y no hurgues en la herida.
– No soy irónico. Contesta. ¿Qué te dolió?
– Que me hieras tú, precisamente tú.
– ¿Que sea yo?
– Sí, Sísifo, que seas tú.
– ¿Por qué yo? Me asombras, Príncipe mi Señor.
– Porque tú me parecias, porque tú eres más culto que la mayoria, porque nunca creí que me fueras a ofender a mí y porque te aprecio. Por todo eso.
– Me pareció que aquel poema amoroso que publicaste no te hizo ningún bien. Sólo te perjudicó. Eso sí, era muy hermoso. Quien no vea más allá de sus narices te felicitó
– En vez de herirme con tus insultos dime lo que ves para que yo lo sepa, para mejorar, para aprender.
– Lo siento mucho, Príncipe. Te pedí perdón, me perdonaste. Te pido perdón de nuevo y mil veces te lo pediré si hace falta. Ya te he dicho que eres un tesoro enterrado en mi isla.
– Eso no es lo que quiero, no seas idiota. Me gusta que me aguijonees y que seas ironico, que me critiques. Lo haces porque te importo. ¿No es así? Pero insultarme así, sin más explicación. A mí me importa el qué dirán, mis súbditos son mi público.
– El qué dirán, cuánto mal nos ha hecho…
– ¿Y el insulto?
– Tú eres un príncipe y un autor reputado.
– Precisamente por eso. Tengo mi reputación.
– Y yo te la mantengo alta.
– No lo sé. Desde que me criticas me ha aparecido un grupo de díscolos. ¿Lo capitaneas?
– Los díscolos ya estaban a tu alrededor. Te los buscas.
– No es verdad. A mí me gusta dar felicidad. Por mis versos o por mi gobierno.
– Mi amado Príncipe, por quién no encuentro descanso, sabes dónde vivo, por si un día quieres mandarme llamar.
– No es el mejor momento.
– Lo reconozo.
– Me afectó tu rebeldía, Sísifo, que tú te rías de mí.
– No imagines. Conmigo no tienes que tener cuidado.
– ¿Cuidado de tí? Es de tí de quien debo guardarme, que me has substituído en tu coirazón por tu nuevo amigo Marcial.
– Olvídate de Marcial. O no te olvides, pero medias tintas no. De mí no, por favor. Necesito verte, quiero conocerte mejor. Pero tú me huyes, Príncipe mío, te escapas. Eres escurridizo y viscoso.
– Me protejo. No quiero sorpresas, y tus insultos fueron una.
– Lo lamento profundamente, no sé qué más hacer para que lo olvides.
– Está olvidado, si no no hablaría contigo. En la corte todo es muy bonito, pero muy ficticio también.
– Mi Príncipe sí que es hermoso.
– Si tuviera que contentar a todos no daría abasto. Entiéndeme.
– Perdóneme mi Señor. Si tienes tu agenda ocupadísima no tienes más que apartarme de enmedio. Comprendo que tus obligaciones…
– No me malinterpretes. Sabes a lo que me refiero. Hablando con una persona en dos ocasiones no llegas a conocerlo.
– Príncipe, escúchame: puedes querer conocerme o no querer. Yo ya he movido mi ficha. Ahora te toca a tí. Asunto zanjado.
– Está claro. Gracias por tu confianza. Cualquier día te sorprendo.
– Ojalá. Ahora soy yo quien te abandona. Debo acudir al despacho del banquero.
– Cruzados hacen cruzados, escudos pintan escudos.
– Me gustaría volver a verte.
– Vete con un beso mío en tu mejilla.
– ¿Un beso para mí?
– ¿Aún no me conoces?
– A tus plantas.
– Ve con Dios.

firma sis

Avion Travel & Paolo Conte. Elisir.

La donna é con me,
é molto di pi di una donna qualsiasi,
Io voglio lei un bene fortissimo,
Un grido bellissimo.

Canto tutto e niente,
Una musica senza musica.
Dove tutto é niente,
Come musica nella musica.

Il luogo com’é? Una valle di nomadi
Tutto qui.
Ascoltami, tu, uomo di Neanderthal,
Si, o di Tangeri,
C’é qualcuno tra voi che sappia suonare
Una danza vertigine, un ballo frin frun,
Che tolga le scarpe e le calse alle femmine?

Suona tutto e niente,
Una musica nella musica,
Dove tutto é niente
Come polvere sulla polvere.

Si suona cosí: con grazzia plebea,
La mani che sudano
Ed offrono a noi, caro elisir,
Larabesca impossibile.

Dove tutto é niente,
Solo musica, brava musica,
E la danza splende
Come un diavolo in un fulmine.

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Archivado en: dolor

3 Responses

  1. alejandro dice:

    ¿no eras ciego? como eres capaz de ver tanto en unas palabras, en una mirada extraña…cada vez que te leo me quitas la morriña de mi galicia soñada, no sabia que la montaña de sisifo estuviese en esas tierras. un abrazo

  2. gazzpatxo dice:

    Querer conocer a alguien a veces es un dilemmma, cuánto bueno viene detrás? cuánto malo?

    Superaría lo bueno a lo malo? Incluso si lo bueno fuera tan bueno que valiera la pena el desasosiego, el desespero, las precauciiones iniciales… incluso así valdría la pena.

    Conocer a alguien es conocer, como los libros, aunque sean de los malos peores, un libro siempre es un libro,

    muackis

  3. ariadna dice:

    Espero que ese Príncipe se dé cuenta de la joya que no ve ahora, no porque brille más que él mismo sino porque el brillo que emites es la única luz que acierto a ver en toda esta conversación. Príncipe de qué…

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