Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[039] Las seis.


Hace sol, buena temperatura y estoy ocioso y no me apetece salir de casa. No tengo ganas de ver a nadie, pero me gustaría tener ganas. ¿Dónde está mi proverbial don de gentes? Esto no nació el día de mi divorcio, no tiene su origen en el sentimiento de abandono subsiguiente. Más bien comenzó cuando, incapaz aún de apartar a mi madre del centro de mi universo emocional (la emoción es la materia de la que estamos hechos, la razón es sólo el barniz) vi a través de terapia que ella hubiera preferido que yo no existiera. A pesar de ello me engendró. Sé que yo no soy hijo del método Ogino, sino de la mejor émula de cualquiera de las Agripinas, y por eso aún ahora soy capaz de ir a trabajar cada mañana, conversar e incluso, de cuando en vez, conseguir que cuaje algún ligue, pero siempre gracias a un derroche de voluntad y autodisciplina que me asombran.

son las seis de la tarde

Mi madre, Agripina por mal nombre, es compostelana, hija de una aldeanota de la provincia de Lugo y de un apocado militar de baja estofa que sólo se crió en la raya con Portugal porque su padre, humilde y almeriense, era carabinero de Aduanas. Ambos se privaron de comer para darle a Agripina colegio de pago, y la Compañía de María consiguió elevarla a la Universidad, que según el Poeta vende la sabiduría. Menos mal que la permanencia en la Capital le dió un lustre, porque lo que ella quería era encontrar marido a la vuelta.

Y lo encontró. Un día de estío, ante su casa de la Algalia de Arriba, tuvo una aparición: a la par mi hoy señor padre y la mula que tiraba del carro de las cervezas, parada ante la tasca que llaman de la Porcona por culpa de la poca higiene reinante. La primera impresión fue: ¿Cuál es más feo? Él acababa de dejar a su novia de toda la vida, de muy buena familia de Ferrol adepta al régimen, y con la que mi abuela estaba feliz. Ella había dejado aparcado a su noviete en Madrid y puede que aún esté allí. En cualquier caso, como en el Monopoly, había que mover ficha y meses más tarde se casaron, para lo cual Agripina tuvo que resignarse a ingresar enuna familia que había adquirido fama de estrafalaria muy a pulso. Mi padre encontró trabajo en una empresa de cosméticos gracias a que un pariente próximo dirigía el Banco Pastor, dueño a la sazón de tal empresa. Ganaba 5000 pesetas, de las que 3000 las gastaban en el alquiler.

A partir de ahí: la niña, el seiscientos, el niño (quién subscribe), el renault 12, el piso en propiedad, el otro niño, la colección de porcelanas, el renault 14, la compra de la parcelita, el cambio de piso, el chalet, el renault 18, las carreras de los hijos mayores, nuevo cambio de piso, el rover y la serie de oportunas herencias en el mejor momento de auge inmobiliario.

Todo fue un gran error. Lo que no acierto a saber es hasta qué momento fue una vida razonable y cuándo se convirtió en una cadena de espantos. Quizás la pregunta es excesiva o puede que inútil. ¿Es esta historia muy diferente de cualquier otra, es que vuestras familias se forjaron de otra manera, puedo aspirar a algo mejor para mí? Dicho de otro modo: ¿es real el mito de Sísifo y sus trabajos?

Hasta aquí por ahora.

firma sis

Archivado en: ayuda, memoria, vergüenza, voluntad

3 Responses

  1. Mr. Wonderful dice:

    ¿Un error? ¿Dónde está el error? Agripina es muy afortunada, llegar a la universidad en su época era algo exagerado (según mi abuelo, que el “se lo tuvo que currar con nada, no como los jóvenes de ahora que son todos unos caraduras”)

    ¿Aspirar algo mejor para tí? Mira adelante, que por mucho que pienses en el pasado, éste no cambiará.

    Saludos!

  2. Won amado, por quién yo suspiro: ¿por qué no has entendido nada? ¿Es que carezco de don de lenguas? ¿O es que careces de entendimiento o de razón?
    Me robas el sueño, Wonny.

  3. Iago dice:

    Joder Sísifo, que manera tan cruda de ponerlo, no has tenido ni una gota de piedad…! Sin embargo, aquí me tienes, pensando en el post, sin encontrar las palabras…¡Estoy pensando! es mucho.

    Bezos, en serio, de compatriota, de ferrolano.

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