Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[033] Apuesta.


Maria Bethania. Olhos nos olhos.

He hablado con Hdez. Fdez. y amenaza con allegarse a mi casa con la excusa de conocer a Taxi, mi gato, que en plena adolescencia se está haciendo difícil de soportar cuando entra en su fase diaria de rebeldía. A Hdez. Fdez. le gusta mi blog, dice, y eso me llena de gozo, pero no me alimenta. Escribe quien quiere, no quien sabe, yo me sé limitado, y mi capacidad para transmitir ideas es causada por mi limitación al generarlas. Últimamente algún comentario disparaba en esa dirección. No ha sido mi intención hacer un relatorio de mi matrimonio, sólo he querido tener en este blog un vertedero donde deshacerme de mis angustias convirtiéndolas en letra impresa o su similar digital. Pero las demandas del público imperan. No voy a advertir de la excesiva largura de este post, yo leo o no en función del interés, no del peso del papel, y si la música es buena más dócilmente nos abandonaremos: no todos los días entra, señores, Maria Bethania en nuestras casas, abridle la puerta.

la apuesta 01

Aleph y yo nos conocimos casualmente a través de amigos comunes el 20 de enero del 2001 tomando unas tapas. Él vivía en Oviedo por aquel entonces. No me perdí uno sólo de sus ensayos mientras estuvo aquí, y ese fue un aliciente añadido. Nos encontramos pocas veces más antes de que él decidiera trasladarse aquí, una apuesta que yo ahora veo excesiva. En julio ya estábamos viviendo juntos, yo aproveché el traslado de mi familia a su residencia de verano para salir por la puerta del servicio: entonces hacer las cosas de frente era para mí inabarcable. La precariedad económica fue la tónica desde el principio y lo sigue siendo, un intento inconscientemente deliberado de mostrarnos dependientes de nuestros padres y su ayuda magnánima y dosificada. Nuesta vida social siempre fue escasa, pero esasos de dinero se redujo aún más. Un par de reveses laborales nos obligaron a refugiarnos en trabajos lejanos de nuestras vocaciones respectivas, pero gracias a eso se acabó el andar a la cuarta pregunta. Mi riqueza era ésta: cada noche, al acostarme, me abrazaba a Aleph, olía su olor y pensaba lo feliz que era y que iba a seguir siendo.

la apuesta 02

Así transcurrieron los cuatro primeros años de cohabitación, que yo viví como los más dulces de mi existencia. La sorpresa vino el día que Aleph me impuso la ruptura, sin previo aviso y sin indicios de lo que se avecinaba. Se fue de casa de un día para otro e inició una relación con un tipo insulso y sin espíritu. Yo quería morirme, pero como eso es algo que uno no decide, tuve que aguantarme y seguir vivo. Se vació la casa de su olor y se llenó de su silencio, yo dejé de comer. En mi obsesión por querer comprender todo, vi que el comportamiento de Aleph acusaba la presencia del fantasma del padre vivo y de la madre muerta. Cuando, seis mese más tarde, tras varios fracasos amorosos, me propuso restaurar nuestra relación, impuse como única norma comenzar ambos una terapia psicoanalítica. Aceptó. Fue lo mejor que pudimos hacer. Mis fantasmas comenzaron a aflorar con los suyos, se conocieron y, sentados todos en el mismo diván de la psicoanalista, tomaron té, jugaron al bridge y discutieron sobre el caso Dreyfus. No percibieron el veneno que les puse en la tetera. Dos meses más tarde Aleph volvió a instalarse y la casa se llenó de nuevo de violines, violas, guitarras y partituras.

la apuesta 03

Dos años después de la capitulación… ahorraremos tiempo remitiendo al lector al comienzo del párrafo anterior. La historia se repitió de idéntica forma. La psicoanalista detecta cobardía en su comportamiento, y también sadismo. Aleph mismo ha reconocido que estar conmigo le servía para no estar solo. En fin, a partir de aquí no puedo decir nada que no hayan dicho otros post. He omitido pasajes que dan para avergonzarse, otros que no seré capaz de hacer comprender, otras escenas y, sobre todo, otros actores. Con estos últimos haré un día un conjuro y veré sus médulas derretirse al sonido de dos onzas de oro y un azumbre de mercurio. Con Aleph no podré hacer tal, sólo seré capaz de desear que al encontrarnos a la vuelta del camino no echemos de menos el tiempo que fuimos el uno del otro, aunque nunca podamos saber quién fue más de quién.

firma sis

la apuesta 04
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Archivado en: memoria, reflexión

5 Responses

  1. Mr. Wonderful dice:

    Por lo que cuentas, él dejó de merecerte la pena hace tiempo.

    PD: ¿Por qué me pones unos comentarios tan críticos y secos? ¿O es mi imaginación?

  2. Max dice:

    No sé quién es Mr.Wonderful, pero creo que tiene razón (en lo de Aleph, en lo otro, ni puta)

    Si es que alguna vez mereció ser amado, que me da que no ha llegado a ese estado.

    Y no digo más, que me encabrono.

    Cuídate,

    Max

  3. Quino dice:

    Joer, Sísifo… Vaya, lo siento… o no, depende de como lo veas… Simplemente sé una cosa: el amor, cuando lo tienes es maravilloso… Cuando desaparece, es el mayor abismo en el que puedes caer….

    C´est la vie! Nos guste o no…

    Pero la gente que se niega a amar, por miedo al dolor… Lo siento, no la entiendo!

    Bss

  4. Teseo dice:

    Tu historia se parece a la mía, pero mi Aleph consiguió madurar y ver que yo no merecía eso y que me estaba perdiendo (aunque a veces pienso que tarde).

    Te comprendo bien, un consejo: sólo cuando me di cuenta de que yo no tenía que aguantar esa situación conseguí tomar las riendas.

    Un abrazo!

  5. DoNuTTz dice:

    La música y esas palabras han dado un aire duro, seco, de fortaleza.
    ¿Estás seguro que no expresas ideas?
    Parece que Aleph no te mereció… no supo aprovechar todo cuanto tenía a su lado. Aún así, aceptaste la vuelta. Me quito el sombrero.
    Un abrazo enorme :)

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