Sísifo se hace viejo

"El hombre solitario es una bestia o un dios" (Aristóteles).

[002] Figura paterna.


Te quiero, pero no puedo estar contigo“.

Esas fueron las últimas palabras que oí de la boca de Aleph. A partir de ahí todo fue un murmullo amalgamado que se metía en mis oídos y no me dejaba entender nada.

Luego vino la etapa de mucha soledad y de mucho llorar, con un llanto que me cogía como de sorpresa, como te coge la nausea o la arcada, con un golpe, una contracción sin ganas de músculos que duelen y, por fin, el cansancio resignado. El asombroso llanto que desde niño no me visitaba me traía ahora otras sensaciones menos aliviadoras que entonces.

Pero de eso hace ya más de dos años. Tanto giró el mundo que acabó poniéndose del revés. Con amigos que me echaran un cabo, pude entender sus razones, incluso mejor que él, y pude hacérselas ver, y pude enseñarle a quién acudir para ponerle solución al enigma de su irracionalidad: Aleph, aquí tu figura paterna, figura paterna, aquí Aleph. Y por fin todo nuestro cariño, guardado durante meses tras un barniz de indiferencia fingida, nos ayudó a volver a estar juntos con más ganas que antes.

Máis caga un boi que cen andoriñas, dijo el poeta.

Y así otro buen día volvió a decirme: No quiero estar contigo. Aquí el “te quiero” faltó, y el verbo poder se mudó en querer, segunda acepción (amar, tener cariño, voluntad o inclinación a alguien o algo; desear o apetecer). Y vi al fantasma del padre entrar por la puerta y sentarse en el borde de mi cama. “Hola, Fernando“, le dije, “Hola, che“, me respondió.

firma sis

Archivado en: memoria

One Response

  1. lola dice:

    La mayoría de las veces ocurre lo que esperas que suceda. Otras suceden cosas que, pese a nuestra voluntad, inexorablemente perturban nuestra rutina. Perder cosas es reencontrarnos a nosotros mismos en medio de un caos en el que no sabíamos que estábamos. Perder a un ser querido es muy doloroso. Cuando creemos que nos ha querido alguna vez, duele; pero cuando sabemos que nos ha querido siempre, duele mucho más. El sadismo se aprende igual que se aprende el querer sin tapujos, el atarse un zapato y el dar un beso. Aprendemos de nosotros y de nosotros con los demás. Lo que resta es patraña.
    Ánimos.

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