Hay que ver lo que ha dado de sí el mito de Sísifo.
He aquí una serie de vídeos que he encontrado sobre ello, a modo de reinterpretación del mito. El primero de ellos es una revisión dramática de la condena a eternidad en un sufrimiento inútil.
Hace pocos días experimenté cosas difíciles de digerir para una mente victoriana como la mía.
Tengo una amiga a la que algunos apodan la Hierbas por su afición a las terapias alternativas meta-científicas o proto-científicas. La llamaré Dehluz, ella sabrá por qué. Dehluz ocupa la mesa número 3 de esta oficina, yo la número 2, así que cada día aparecen mil ocasiones para contarnos nuestras cuitas y nuestras alegrías. La convidé a mi casa hace un par de días. Vino, comimos, hablamos y comenzamos una sesión de biomagnetismo, disciplina que no sabría definir bien y por eso no defino.
Hoy ha sido un mal día. Ayer tuvimos una visita desagradable que ya no sé si se resiste a marcharse o me pide ayuda para hacerlo. Pasé frío, temblé y lloré, por ese orden, hasta quedar agotado. Hasta Taxi ha intentado exorcizar hoy la casa a base de aguas benditas. Insistentemente, además. Yo también he usado el agua con él, pero de otra forma. Obstinadamente, también.
Hoy solamente me hacía falta dormir mucho y ver a Jueves. Pero Jueves no ha querido verme. Ese chico me tiene miedo.
Hacía fuerza apoyándose con manos y pies y empujaba la piedra hacia arriba, hacia la cumbre, pero cuando iba a trasponer la cresta, una poderosa fuerza le hacía volver una y otra vez y rodaba hacia la llanura la desvergonzada piedra. Sin embargo, él la empujaba de nuevo con los músculos en tensión y el sudor se deslizaba por sus miembros y el polvo caía de su cabeza.